miércoles, 27 de febrero de 2013

Mariposa II / El miedo


La mariposa nació, volvió a nacer
-toda la especie en una, en una todas-.
Nació, dudó, permaneció un instante, 
se lanzó.
Pero, algo sucedió, 
algo inesperado y hostil,
que marcó su rumbo de una manera distinta:
a la manera del miedo.

Esto fue lo que pasó:
La mariposa -toda la especie en una, en una todas-
se lanzó con el coraje
de la palma al vacío.
Pero, algo sucedió, 
inesperado y hostil,
la manera del miedo:

Por destino o por azar, 
un ser feroz 
en su primer vuelo la vio
y de un sólo salto la atrapó.
Sin hambre ni propósito
nada a cambio se llevó,
por instinto, la atrapó,
por destino o por azar
esto fue lo que ocurrió:
La mariposa luchó,
batió,
luchó,
hasta que
una mano divina la ayudó,
quitó de las garras, la salvó,
dejándola entre las palmadas hojas de su padre 
mburucuyá, quien así
la protegió.
Y, quien sea que seas, no miento, 
esto fue lo que ocurrió:
la mariposa, viva, permaneció sobre la rama
-ay, desdichada- 
INMÓVIL
durante cada una de las siguientes horas de los rayos del sol.

Esta mañana ya no estaba allí.
Intuyo que, una vez más,
con el coraje de sus hermanas
-todo su cuerpo el coraje-
se lanzó a la aventura,
y abandonó la planta, 
zigzagueando
el incierto cielo.

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