domingo, 4 de diciembre de 2016

Sueño de luna llena / Dos libros para el Señor

Dos chicas jóvenes
Tapados caqui
Marrón
Claras

Cabello corto y oscuro
Entran al salón

Piden dejar
Dos libros
Para el Señor.

Un policía las recibe
Les recibe los libros

El policía pregunta,
De parte de quien?

Las niñas callan.

El policía afirma,
Soy policía pero no tengan miedo.

Las niñas se miran cómplices
Sonríen entre risas 
Susurran secretos
Tomadas de las manos
Y acuerdan.

Es un misterio, responden.
Dejan los libros 
Y riendo
Se alejan.

Y el gran viento

Sueño con famosos
sábanas de cuero
y amatistas.

Abro los ojos detrás de un árbol
y estoy ciega.

Del otro lado del árbol
Astro es mi guía,
tiende sus grandes manos
para dar mis pasos ciegos,

con fé
sin miedos,

avanzar sin ver.

Sueño con mi hermana
gemela
maestra
y nuestros alumnos
que son  a su vez maestros y discípulos,

familia e hijos.

La obra comienza y llegan más,
paso de la escena a la butaca
sin solución de continuidad,

estoy aquí
 y allá,

miro y soy vista.

Sueño con calles de Pompeya
la nuestra
despido a la dramaturga
y camino por una ciudad desierta
con un vestido que el viento levanta hermosamente
con poesía.

Llevo el pelo suelto y una joven promesa.

No sé cuál.

Y el gran viento.

Sueño.

Razón de paloma

La realidad como un espejo
al bajar una escalera
me encuentra.

Una obra en construcción
con mugre y polvillo
escombros y maderas astilladas
abiertas por la mitad
arrojadas

y sobre una línea recta
en diagonal,
una paloma torcaz,
pichona paloma.

Una vida nueva,
desorientada en un rincón.

Detrás del umbral
tras las puertas,
la obra en construcción.

Humanos creando paredes,
una máquina ruidosa
aúlla sacando chispas.

Paloma torcaz 
con toda inocencia
avanza entre los escombros,
picotea la nada
entre colillas de cigarrillo
y polvo de yeso.

La observo de pie
con el corazón estrujado,
palomita niña,
picoteando
entre mugre y derrumbe,

junto a maderas rotas.

La torcaza solo existe,
es, sin tiempo ni razón
pero también teme,
se le ve.

Se acerca inocentemente
y al accionar la máquina y sus chispas
la paloma regresa pronta a su refugio,
aquel rincón herrumbrado
donde se posa en diagonal,
junto al derrumbe, a salvo.

Y una vez más paloma
vuelve a acercarse a las puertas,
al umbral del peligro,
con sus máquinas chirriantes,
sus paredes cayendo,

misterioso deseo autodestructivo
en su pequeño corazón de pájaro
minúsculo,

una curiosidad innata hacia el peligro
un llamado a la muerte
desde la joven vida,

inocente
como una paloma torcaz.

Guardo su imagen como un tesoro,
y me alejo también yo del umbral,
con corazón de humana
y razón de paloma.