Fue de pie, sobre la plaza, cuando comprendí.
A los guerreros de antaño, a los de todos los tiempos,
a los valientes en lucha, a los guerreros,
a los de todos los tiempos.
Una fuerza más grande que yo, histórica,
junto a las campanadas de la catedral dando las seis
me tomó simplemente en sus brazos.
Me acunó una bravía,
una fuerza histórica, de hombres.
De mujeres y hombres.
Dispuesta a todo,
de pronto.
La boca ensalivada.
Lista. De pie,
sobre la plaza.
Una bravía instantánea.
Una gloria sin lanza.
Un coraje grande, universal
me tomó por completo.
Entre la multitud enardecida.
Sobre la plaza. Ávida,
entre la ardiente multitud.
Tenemos la furia, pensé,
y el corazón.
Abierto, atento.
Dispuesto.
Los años que pasan y yo sobre la plaza.
Ávida. Ardiente. De pie,
sobre la plaza.
martes, 15 de diciembre de 2015
sábado, 12 de diciembre de 2015
Del verbo extrañar
La recuerdo fuerte en estos días.
Como quien recuerda a un muerto pero no.
Definir por el margen, por lo que queda por fuera.
Su blanca camisa.
Uso su blanca camisa,
abotonada, como un tesoro.
Visito un cumpleaños y, como un tesoro la imagino allí.
Entre los jóvenes la más joven.
Casi muerta y sin embargo la más joven. La más bella.
Madre eterna, que en suerte me ha tocado.
Partículas soy, fortuna.
Soy hija de la fuerza
y el amor. Soy.
Y en amor sufro.
La extraño y sufro.
Y tengo fortunas.
La extraño horror, horror de extrañar.
Y luego, despierto,
como de un sueño doloroso, sonriendo
despierto junto al camino, detenida,
comprendo, me digo:
Alma mía, solsticio,
¿cómo has de extrañarla?
Si está en mí.
Del verbo extrañar.
Madre.
Como quien recuerda a un muerto pero no.
Definir por el margen, por lo que queda por fuera.
Su blanca camisa.
Uso su blanca camisa,
abotonada, como un tesoro.
Visito un cumpleaños y, como un tesoro la imagino allí.
Entre los jóvenes la más joven.
Casi muerta y sin embargo la más joven. La más bella.
Madre eterna, que en suerte me ha tocado.
Partículas soy, fortuna.
Soy hija de la fuerza
y el amor. Soy.
Y en amor sufro.
La extraño y sufro.
Y tengo fortunas.
La extraño horror, horror de extrañar.
Y luego, despierto,
como de un sueño doloroso, sonriendo
despierto junto al camino, detenida,
comprendo, me digo:
Alma mía, solsticio,
¿cómo has de extrañarla?
Si está en mí.
Del verbo extrañar.
Madre.
miércoles, 9 de diciembre de 2015
Observaciones II
Suben, son varios y creo que son mis amigos por aquella anécdota del celular. Me pregunto en qué idioma hablan. Ajeno. Incomprensible. Luego comprendo. Una de ellas cuenta un robo como una actriz. Las oyentes alrededor también. Todas actrices, todas sordas. Se miran y así pueden oírse. Mirándose. Grandes gestos, enormes reacciones. Los ojos, las bocas, todos los dedos. Acaparan nuestra atención por completo. Los gestos son maravillosos. Grandilocuentes. Y se tocan. Todo el tiempo ellas se tocan. Se miran a los ojos. Se ven. Necesitan verse y tocarse para entenderse. Y bajan. Dejan en el silencio miradas cómplices entre los otros, que esta vez somos nosotros.
jueves, 3 de diciembre de 2015
Observaciones I
Hay ciertos días. Ciertos momentos de las tardes en las que sale el sol entre las nubes de un cielo recién despejado en los que todo me resulta mágico y tengo que hacer una especie de esfuerzo en los transportes públicos por no llorar o sonreír demasiado. Unos simples dedos repiquetear de un señor que lee el diario y relojea apenas una mujer hermosa al pasar. Un niño en lucha imaginaria en medio de la acera del trajín adulto, librando y ganando valientes batallas. Y ellos. Justo entonces, entran ellos. Los sordomudos. Suben al colectivo desplegando su arte comunicativo como un regalo. Hay una, la más gorda y coqueta, de voz audible y fuerte, que pareciera hablar un idioma único. Con total seguridad. Esa es mi preferida. Es una actriz. Como yo. En el 151. Y el mburucuyá en flor junto a la vía. Y la niña que sube y el impulso frenado de besarla en la frente y subirla a mi falda. Amiga de todos. Hermana. Son momentos. Ciertos momentos. De oro.
martes, 10 de noviembre de 2015
En el idioma de las palomas
¡Aves aves aves!
Aves preciosas
a mi encuentro
siempre.
¡Me mudo a las casas!
¡A cada casa ellas vienen!
Vuelan,
sobrevuelan.
A cada casa ellas vienen.
Conocernos fue duro,
entre tanto trajín-trajín
andar y andar citadino,
parece ser yo, no las miraba.
¡Aves, por doquier, aves!
Y yo sin ver,
no las miraba.
Sabias aves forzadas,
violentas y abruptas
hicieron su entrada
y en buena hora en la noche,
hicieron su entrada.
Pequeño pájaro verde,
misterioso y pequeño,
se aprontó dispuesto, junto a mi ventana
con toscos golpes de pico
como quien llama y reclama.
Fueron varias noches,
de pocas noches aisladas,
junto al balcón verde pájaro piaba,
verde pájaro, clamaba:
¡Despierta, Sol! ¡Sal!
¡Sol! ¡Ya despierta!
Y salí, claro,
no soy tonta.
¿Quién podría desoír el llamado de un pájaro
que en medio de la noche
a nuestra urbana ventana nos llama?
A la vida fui, no soy tonta.
Alcé vuelo
me perdí en lo alto
tan alto
que bajé brusca
De pronto.
Enterré penas
bajo las matas
junto a los parques,
dos penas
y tres pesares.
Y ellas volvieron.
¡Aves, aves y más aves!
Aves preciosas
a mi encuentro siempre.
Fueron torcazas,
pequeñas y grandes.
Picaflores verdes, marrones
amarillos y rojos.
Picasurós en duplas
y aguiluchos en riña.
Y torcazas, torcacitas,
muchas palomas torcazas.
A cada ventana,
en cada casa,
junto a los lazos hicieron nidos
dejaron crías,
pequeños pájaros ofrenda,
hijos y huevos.
Aves,
aves preciosas.
Vuelan
sobrevuelan.
Son misterios.
Espíritu.
Mensaje y mensajeras.
Son mi guía y mis señuelos
mi "no me olvides",
mi gran señuelo.
Colibríes en sueños
en bandadas y a solas
vuelan
sobrevuelan.
Me cantan canciones
de "no me olvides. soy la esencia
eterna soy, paloma".
Y aquí han vuelto,
una vez más han llegado,
sobre el cemento liso y nuevo
pequeña torcaza, hoy
me esperaba.
Nuevamente de noche y me esperaba
junto al gris ascensor
que mostró ajeno
enseñó tosco, gris humano.
Mientras ella, blanca grisácea,
gris divino,
sobre el rojo azulejo
me esperaba.
En la baldosa sin miedo,
ya sin graznido
sino blanca mirada,
calma paloma, serenamente
arrulladita me esperaba.
Hablamos bajo,
en el idioma de las palomas.
Despedirnos nos tomó un tiempo,
el mensaje ya entregado,
pero es que a veces
en la misión se confunde,
se pierde uno en el viaje.
trajín-trajín, andar y andar
y uno sin ver, viendo.
Voló y sobrevoló paloma
bajo un garage de autos grises
que enseñó toscos, ajenos.
Chocó contra los techos
y fui yo por fin quien la ayudó esta vez
calma paloma,
corrí tras ella,
serenamente,
hasta alcanzar el cielo.
Libre por fin
remontó hacia alto cielo, celeste
oscuro y brillante,
en paz con la luz
y con la sombra,
sobrevolando cielos.
Paloma eterna
alta
y
profunda,
regrese siempre,
alcance cielos.
Aves preciosas
a mi encuentro
siempre.
¡Me mudo a las casas!
¡A cada casa ellas vienen!
Vuelan,
sobrevuelan.
A cada casa ellas vienen.
Conocernos fue duro,
entre tanto trajín-trajín
andar y andar citadino,
parece ser yo, no las miraba.
¡Aves, por doquier, aves!
Y yo sin ver,
no las miraba.
Sabias aves forzadas,
violentas y abruptas
hicieron su entrada
y en buena hora en la noche,
hicieron su entrada.
Pequeño pájaro verde,
misterioso y pequeño,
se aprontó dispuesto, junto a mi ventana
con toscos golpes de pico
como quien llama y reclama.
Fueron varias noches,
de pocas noches aisladas,
junto al balcón verde pájaro piaba,
verde pájaro, clamaba:
¡Despierta, Sol! ¡Sal!
¡Sol! ¡Ya despierta!
Y salí, claro,
no soy tonta.
¿Quién podría desoír el llamado de un pájaro
que en medio de la noche
a nuestra urbana ventana nos llama?
A la vida fui, no soy tonta.
Alcé vuelo
me perdí en lo alto
tan alto
que bajé brusca
De pronto.
Enterré penas
bajo las matas
junto a los parques,
dos penas
y tres pesares.
Y ellas volvieron.
¡Aves, aves y más aves!
Aves preciosas
a mi encuentro siempre.
Fueron torcazas,
pequeñas y grandes.
Picaflores verdes, marrones
amarillos y rojos.
Picasurós en duplas
y aguiluchos en riña.
Y torcazas, torcacitas,
muchas palomas torcazas.
A cada ventana,
en cada casa,
junto a los lazos hicieron nidos
dejaron crías,
pequeños pájaros ofrenda,
hijos y huevos.
Aves,
aves preciosas.
Vuelan
sobrevuelan.
Son misterios.
Espíritu.
Mensaje y mensajeras.
Son mi guía y mis señuelos
mi "no me olvides",
mi gran señuelo.
Colibríes en sueños
en bandadas y a solas
vuelan
sobrevuelan.
Me cantan canciones
de "no me olvides. soy la esencia
eterna soy, paloma".
Y aquí han vuelto,
una vez más han llegado,
sobre el cemento liso y nuevo
pequeña torcaza, hoy
me esperaba.
Nuevamente de noche y me esperaba
junto al gris ascensor
que mostró ajeno
enseñó tosco, gris humano.
Mientras ella, blanca grisácea,
gris divino,
sobre el rojo azulejo
me esperaba.
En la baldosa sin miedo,
ya sin graznido
sino blanca mirada,
calma paloma, serenamente
arrulladita me esperaba.
Hablamos bajo,
en el idioma de las palomas.
Despedirnos nos tomó un tiempo,
el mensaje ya entregado,
pero es que a veces
en la misión se confunde,
se pierde uno en el viaje.
trajín-trajín, andar y andar
y uno sin ver, viendo.
Voló y sobrevoló paloma
bajo un garage de autos grises
que enseñó toscos, ajenos.
Chocó contra los techos
y fui yo por fin quien la ayudó esta vez
calma paloma,
corrí tras ella,
serenamente,
hasta alcanzar el cielo.
Libre por fin
remontó hacia alto cielo, celeste
oscuro y brillante,
en paz con la luz
y con la sombra,
sobrevolando cielos.
Paloma eterna
alta
y
profunda,
regrese siempre,
alcance cielos.
domingo, 11 de octubre de 2015
Máquina por fin, descanse
El final de un teatro
una ficción
tan eterna como efímera
verdadera y mágica
absoluto presente
majestuoso,
el eterno ser
el eterno ser
y no ser.
/Soy
y no soy/
y no soy/
una gran dramática
la Beatriz literaria
la pintora y la actriz
la Beatriz de las bestias
de los ciegos,
las bestias.
Misteriosa Viterbo
de impalpable existencia
la Beatriz de Borges,
su fantasma.
su fantasma.
/¿Y ésta?/
Ésta tampoco existió.
Detrás del muro
junto a la hiedra
al otro lado, sí
junto a la hiedra
al otro lado, sí
de impalpables barreras
e infranqueables fronteras
allá, sí
ella existió.
allá, sí
ella existió.
Tuvo extensa vida,
vibrante
en la fiebre de la ficción
en la blanca espuma
de la más real de las mentiras
en la vida imaginaria
-igualmente imperfecta-
centelleante, radiante,
-igualmente imperfecta-
centelleante, radiante,
danzarina y profunda.
El final de un amor
con reyes y fosas
lanzas y rosas,
y fuegos fatuos.
Ilusión
que al no ser
es,
para siempre
para siempre
máquina
de desvelo y amor
de poderosa fricción
humana,
teatral,
de ensueño,
viva por siempre.
Muera en paz.
Máquina por fin,
descanse.
domingo, 20 de septiembre de 2015
El lejano oriente de mi corazón
Es el lejano oriente de mi corazón
que me desvela.
Camino a oscuras
sobre un avión eterno,
a millas y millas
sobre el nivel del mar.
a millas y millas
sobre el nivel del mar.
Vuelo en la noche
cuando debiera ser mi día, mi sol
luz mía,
¿dónde estás?
Vuelo por los aires viciados de mi propio ser,
camino en espirales
sobre la tierra
y el mar
sobre la tierra
y el mar
voy.
Al lejano oriente de mi corazón,
vuelvo.
vuelvo.
domingo, 16 de agosto de 2015
Los días arduos
los días arduos
se amontonan
no es la lluvia
son mis penas
ellas,
antiguas
como cargas
se amontonan
el pico
picoteo
el cogote
de pájara, rígida
mi plumaje
rígido
y por fuera,
blancas vestiduras
arduos días
dejan pasar las noches
en un laberinto
se acumulan
bajo el cogote
en la cima
bajo el cráneo,
rígido
blancos sueños
blanca,
blanca,
quiero ser
blanca
y ardo.
jueves, 9 de julio de 2015
Los poemas
Dejo pasar los poemas
los reduzco a notas
los rebajo a ideas
los suspendo apenas
sobre una falsa pantalla iluminada
negándome a mí.
Mi propia iluminación.
Me distraigo en las ventanas
me reduzco a las formas
me rebajo a teorías
me suspendo apenas,
es para no ver
que avanzo de espaldas.
Dejo pasar los poemas
pues
escribirlos es para mí
abrir mi compuerta
hacia abajo siempre
asomarme a ese abismo
atreverme a mi vértigo
en todo mi esplendor
de sombra
y sudor.
Los poemas.
domingo, 31 de mayo de 2015
Vívida
Un pueblo de ancianos
lisiados y ancianos
enfermos
casi muertos,
sí.
Yo, joven
entre las jóvenes, joven
entre ellos
sin miedo
ni asco
ni pena
ni miedos.
Yo,
entre ellos,
con.
Una anciana de profundas ojeras
responde al nombre de Amoroso
y de lejos,
me mira.
Yo, joven,
sonrío.
Realmente sonrío.
Más allá
otra anciana
pequeña y cana, mira
fijamente hacia adelante.
Detrás de un humo por decir, espeso
-quizás eso sea el tiempo-
entre nosotras
el tiempo,
ese humo espeso,
y nada más.
No habla, no camina, no sonríe,
no responde ya a ningún nombre.
Pero su nombre es Celia
y fijamente junto a la ventana
hacia la nada, mira.
Amoroso en cambio, ella me mira
soy su foco.
La mirada es de terror
y soy su foco
pero el miedo, pienso, no es hacia mi,
es un temor generalizado, un miedo abierto,
lanzado hacia ese espacio que pienso, le es ajeno
hacia ese estado propio y nuevo
que yo, joven, pienso, le es aún ajeno.
Amoroso es nueva
y alguien la peina
ella teme,
dice suave
suave pero audible ella dice
que sentada a la mesa
se ha hecho pis.
A su lado, Dora,
blanca Dora sobre ruedas
bien alimentada y blanca, rellena,
con vívida voz clama, sobre las ruedas,
con calma: ¡Paciencia!
Amoroso me mira,
fijamente me mira,
y repite.
Yo, la joven, sonrío.
Realmente sonrío.
Le digo con simpleza
con simpleza, que no es grave
que lleva seguramente entre sus ropas, pañales.
Y lo digo sin pena,
digo pañales como digo manzana
como digo mantel, lava, mañana.
Sin aprensión y sin asco
con voz vívida digo:
Usted tiene pañales.
Amoroso sonríe.
Realmente sonríe
cumpliendo honrosa el designio,
el de su nombre,
el de su fin,
se tranquiliza y sonríe.
Nélida, entre nosotras y aislada,
entre pequeños tubos,
gustosamente come
sin pausa,
sin pausa,
olvida y come,
mastica y come.
Nos da la espalda.
Entra entonces veloz, Marta, delgada,
con su paso rígido y su mirada hueca
de mirar sin ver,
Marta camina y camina.
Hay candados en sus puertas
pues su demencia camina.
Frontal. Temporal.
Esas palabras describen,
lo intentan.
Una importante chef, dicen,
que ahora camina y camina.
Amoroso,
Nélida,
Marta,
Celia,
Dora,
hay más
y yo
que ya, sin pena, soy testigo.
Vívida.
martes, 5 de mayo de 2015
La mujer triste
Sueño con bocas sangrantes
y pequeños pájaros verdes revoloteando sobre la cabeza de mi madre
señalando sus sienes
el cielo y sus sienes,
pequeños pájaros verdes.
Mi madre en el sueño es joven
de mirada hermosa y penetrante
oscuros ojos brillantes
de eterna dulzura.
Abro los míos y pienso
lavo mi cara hinchada
bajo el agua fría
y pienso:
la mujer triste.
Sueño también con arco iris
no los veo
en el sueño solo los nombro
pero sé que están
por sus colores
por sus colores
también sueño con ellos.
Despierta,
me lleno de fe,
con esfuerzo
me lleno por dentro.
Me digo suave
no te dejes
mujer triste
no te dejes.
No me dejo
camino
sigo por los caminos.
Nado
avanzo
camino
y todos los sueños
me acompañan.
Me digo suave
no te dejes
por dentro
te acompañan.
jueves, 2 de abril de 2015
El corazón cansado
Este cansancio
este infinito cansancio.
Eterno.
Que esconde la verdadera fuerza.
Oculta
Debajo del cansancio.
Un corazón cansado.
Rebosante, repleto.
Rebosante, repleto.
Agotado y cóncavo.
Éste es un cansancio del corazón.
Infinito.
Un corazón eterno.
Que esconde la verdadera fuerza.
Oculta
Debajo
de la razón.
Tengo la fiebre
Tengo la fiebre.
Una fiebre suave
y callada,
suave.
Tengo la fiebre
de lo que callo.
La sangre cálida,
la dulce fiebre.
Mi cuerpo de agua afiebrado
por lo que callo
y no lloro
por lo que sé, callo, y no lloro.
Tengo la fiebre,
condenso.
Si tengo suerte condenso,
asciendo,
asciendo,
me vuelvo nube.
La negra nube,
la fiebre,
la fiebre,
suave.
La eterna fiebre
de lo que callo.
martes, 31 de marzo de 2015
Todas las respuestas
Hay algo que quisiera decir
sobre las palabras
quiero decir
lo peculiar en ellas, su límite
no puedo expresarlo bien
y esto lo prueba
sólo tengo un ejemplo
que según dicen vale más
y es éste:
ocurre que mi madre
-otra vez, lo sé pero preciso-
ya no tiene las palabras
es un misterio
quién sabe, si de dios
o de la ciencia quién sabe
lo real
es que ha caído sobre ella
ese extraño puente
tendido
entre el sonido y la mente
entre la lengua el cerebro
tendido
el puente sobre ella
se ha caído.
Lo real, es un decir,
lo real es el derrumbe.
Un infinito misterio
guarda las palabras de mi madre
ocultas
en un secreto rincón
que -dios sabe por qué sombras-
ha quedado a oscuras.
Lo real, quiero decir,
es que mi madre apenas habla
-no siempre fue así, el dolor siempre es por lo que cambia-
sin embargo
de cuando en cuando,
leve mente
ella dice con misterio
para mi sorpresa,
ella dice, pronuncia, parece que dice
una sola palabra
separada casi absurda
la palabra perfecta
entre el silencio
y otra vez el silencio
pero la palabra
perfecta
perfecta
viaja, sube, se encuentra,
desde el fondo del secreto,
cruza el puente
y enuncia.
y enuncia.
El qué no es lo que importa,
lo que importa es que ha cruzado.
Vuelve,
atraviesa,
cruza el puente.
Lo real
es El Misterio,
quien le guarda a mi madre las palabras
dios sabe para darle
en qué otro puente
todas las respuestas.
lunes, 16 de marzo de 2015
El camalote
No quisiera hablar del camalote
quisiera ser el camalote
dejarme llevar por la corriente del río
enmarañarme en las rocas
bajo los muelles
entre las matas
vivir un tiempo en las terrazas
sobre los campos
en las orillas
seguir luego mi curso
sobre el agua
junto a los peces
sobre y debajo
con
la corriente.
Un camalote múltiple
múltiples camalotes
un enorme camalotal
parte de un todo
eso quisiera
una hermosa familia de plantas
acuáticas y terrestres
y luego seguir mi curso
sobre
debajo
con.
domingo, 8 de marzo de 2015
De la tierra al suelo
Hay una medida en la altura.
Los estantes,
las mesas.
Una medida extraña
y sin embargo, notable.
Un cambio de base,
de la tierra al suelo,
del suelo a los muebles,
una pequeña escala,
de extraña medida
y sin embargo, cierta.
Es Moreira, el gato,
quien conmigo,
cambia.
Su furia contenida,
sus zarpazos, su furia.
Es su temor el que refleja al mío:
mi miedo afila sus uñas.
Siempre atento en la vigilia.
Por las noches inquieto,
jadeante, juega.
Temeroso, él juega.
Teme lo extraño,
y jadeante, juega.
Mi pequeña escala.
Silencioso
sin embargo,
cuando necesita él clama.
Aprendió otra cosa:
de la tierra al suelo,
de la tierra al suelo,
él maúlla o calla.
Solo al sueño se entrega.
Al amor, el sueño,
enteramente a las siestas,
el amor,
las caricias.
Una extraña medida,
sin embargo,
exacta.
las caricias.
Una extraña medida,
sin embargo,
exacta.
Rey posesivo y celoso
es amado y ama
sin interesarse jamás por los de su especie,
él se entrega,
reina, y ama.
reina, y ama.
Hipnotiza a los pájaros,
las abejas,
los gecos.
Hipnotiza
y ama.
Es Moreira, el gato,
quien conmigo,
cambia
reina
y ama.
Es Moreira, el gato,
quien conmigo,
cambia
reina
y ama.
miércoles, 11 de febrero de 2015
El reencuentro
Es un dulce sueño el reencuentro.
Agito el cuerpo pero el cuerpo no reacciona.
Llamo con dulzura,
con dulzura, clamo,
en nombre de aquel cuerpo,
clamo.
Dulzura en la voz, y arremeto. Agito el cuerpo.
Lo enderezo.
Una enfermera nos descubre,
acude en ayuda, me descubre.
Ahora son dos las mujeres que agitan un cuerpo.
Dos sobre uno. El cuerpo, por fin,
responde.
Los ojos del cuerpo se abren
abren sus párpados,
entrecierra y abre,
el cuerpo abre sus cuencos,
los ojos.
Son solo los ojos de un cuerpo
pues los ojos no ven,
no miran.
Sólo se abren.
Sus párpados
entrecierra y abre.
Parece sólo un cuerpo
y los ojos se abren.
Dulce la voz,
pues el cuerpo es aún mi madre,
dulzura en la voz, y arremeto.
El corazón se agita,
es de hija y se agita,
por dentro clama,
otra vez, clama.
Sus ojos me miran,
los párpados se cierran
mi corazón se agita,
la madre descansa.
Volveré mañana.
Hay tiempo
y de cualquier modo
ella está en mí,
más allá de aquel cuerpo.
Agito el cuerpo pero el cuerpo no reacciona.
Llamo con dulzura,
con dulzura, clamo,
en nombre de aquel cuerpo,
clamo.
Dulzura en la voz, y arremeto. Agito el cuerpo.
Lo enderezo.
Una enfermera nos descubre,
acude en ayuda, me descubre.
Ahora son dos las mujeres que agitan un cuerpo.
Dos sobre uno. El cuerpo, por fin,
responde.
Los ojos del cuerpo se abren
abren sus párpados,
entrecierra y abre,
el cuerpo abre sus cuencos,
los ojos.
Son solo los ojos de un cuerpo
pues los ojos no ven,
no miran.
Sólo se abren.
Sus párpados
entrecierra y abre.
Parece sólo un cuerpo
y los ojos se abren.
Dulce la voz,
pues el cuerpo es aún mi madre,
dulzura en la voz, y arremeto.
El corazón se agita,
es de hija y se agita,
por dentro clama,
otra vez, clama.
Sus ojos me miran,
los párpados se cierran
mi corazón se agita,
la madre descansa.
Volveré mañana.
Hay tiempo
y de cualquier modo
ella está en mí,
más allá de aquel cuerpo.
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