jueves, 3 de diciembre de 2015

Observaciones I

Hay ciertos días. Ciertos momentos de las tardes en las que sale el sol entre las nubes de un cielo recién despejado en los que todo me resulta mágico y tengo que hacer una especie de esfuerzo en los transportes públicos por no llorar o sonreír demasiado. Unos simples dedos repiquetear de un señor que lee el diario y relojea apenas una mujer hermosa al pasar. Un niño en lucha imaginaria en medio de la acera del trajín adulto, librando y ganando valientes batallas. Y ellos. Justo entonces, entran ellos. Los sordomudos. Suben al colectivo desplegando su arte comunicativo como un regalo. Hay una, la más gorda y coqueta, de voz audible y fuerte, que pareciera hablar un idioma único. Con total seguridad. Esa es mi preferida. Es una actriz. Como yo. En el 151. Y el mburucuyá en flor junto a la vía. Y la niña que sube y el impulso frenado de besarla en la frente y subirla a mi falda. Amiga de todos. Hermana. Son momentos. Ciertos momentos. De oro.

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