martes, 10 de noviembre de 2015

En el idioma de las palomas

¡Aves aves aves!
Aves preciosas
a mi encuentro
siempre.

¡Me mudo a las casas!
¡A cada casa ellas vienen!
Vuelan,
sobrevuelan.
A cada casa ellas vienen.

Conocernos fue duro,
entre tanto trajín-trajín
andar y andar citadino,
parece ser yo, no las miraba.

¡Aves, por doquier, aves!
Y yo sin ver,
no las miraba.

Sabias aves forzadas,
violentas y abruptas
hicieron su entrada
y en buena hora en la noche,
hicieron su entrada.

Pequeño pájaro verde,
 misterioso y pequeño,
se aprontó dispuesto, junto a mi ventana
con toscos golpes de pico
como quien llama y reclama.

Fueron varias noches,
de pocas noches aisladas,
junto al balcón verde pájaro piaba,
verde pájaro, clamaba:
¡Despierta, Sol! ¡Sal!
¡Sol! ¡Ya despierta!

Y salí, claro,
no soy tonta.

¿Quién podría desoír el llamado de un pájaro
que en medio de la noche
a nuestra urbana ventana nos llama?

A la vida fui, no soy tonta.
Alcé vuelo
me perdí en lo alto
tan alto

que bajé brusca
De pronto.

Enterré penas
bajo las matas
junto a los parques,
dos penas
y tres pesares.

Y ellas volvieron.
¡Aves, aves y más aves!
Aves preciosas
 a mi encuentro siempre.

Fueron torcazas,
pequeñas y grandes.
Picaflores verdes, marrones
amarillos y rojos.
Picasurós en duplas
y aguiluchos en riña.
Y torcazas, torcacitas,
muchas palomas torcazas.

A cada ventana,
 en cada casa,
 junto a los lazos hicieron nidos
dejaron crías,
pequeños pájaros ofrenda,
 hijos y huevos.

Aves,
aves preciosas.
Vuelan
sobrevuelan.

Son misterios.
Espíritu.
Mensaje y mensajeras.

Son mi guía y mis señuelos
mi "no me olvides",
mi gran señuelo.

Colibríes en sueños
en bandadas y a solas
vuelan
sobrevuelan.

Me cantan canciones
de "no me olvides. soy la esencia
eterna soy, paloma".

Y aquí han vuelto,
una vez más han llegado,
sobre el cemento liso y nuevo
pequeña torcaza, hoy
 me esperaba.

Nuevamente de noche y me esperaba
junto al gris ascensor
 que mostró ajeno
enseñó tosco, gris humano.

Mientras ella, blanca grisácea,
 gris divino,
sobre el rojo azulejo
me esperaba.

En la baldosa sin miedo,
ya sin graznido
sino blanca mirada,
calma paloma, serenamente
arrulladita me esperaba.

Hablamos bajo,
en el idioma de las palomas.

Despedirnos nos tomó un tiempo,
el mensaje ya entregado,
pero es que a veces
en la misión se confunde,

se pierde uno en el viaje.
trajín-trajín, andar y andar
y uno sin ver, viendo.

Voló y sobrevoló paloma
bajo un garage de autos grises
que enseñó toscos, ajenos.

Chocó contra los techos
 y fui yo por fin quien la ayudó esta vez
calma paloma,
corrí tras ella,
serenamente,
hasta alcanzar el cielo.

Libre por fin
remontó hacia alto cielo, celeste
oscuro y brillante,
en paz con la luz
y con la sombra,
sobrevolando cielos.

Paloma eterna
alta
y
profunda,
regrese siempre,

alcance cielos.

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