"Cuando pienso en mi vocación, dejo de tenerle miedo a la vida"
dice la pequeña gran actriz en las superficies del nuevo subsuelo.
Y algo mío se refleja sobre ella.
Sobre su voz y la de Chéjov.
Parece haber, allí,
detrás de aquel pensamiento,
de aquellas palabras,
un gran secreto.
Sin embargo:
un secreto mío se refleja sobre el otro.
Viaja
Veloz
Hasta el presente.
Suena,
en el eco del recuerdo,
en el brillo opaco,
mi secreto.
Ese
que mi madre susurró cuando curiosa
e ignorando dulcemente
todo lo que hoy sé
pregunté
porqué ella
ganaba menos que mi padre.
Clama,
en el eco del recuerdo,
suave y firme,
la llave, mi secreto:
"porque
mamá, pequeño sol guarda silencio,
trabaja
de lo que ama"
Selló mi pensamiento.
Por siempre.
Veloz.
Hasta hoy.
Parecía haber, allí, ayer,
en aquel pensamiento,
en aquel oficio,
propio, amado,
una salvación.
Parecía haber.
Pero no la hay.
El único secreto -la sola salvación-
es el que guarda el propio corazón.
El mío, dice: descansa.
Ama, descansa.
Sigue el arroyo.
Hoy,
aquel viejo secreto no me salva.
No me nutre. Me quita.
Soy cada vez más lo que soy.
Y no es un oficio.
Soy una mujer, un humano,
un corazón que late,
que dice: descansa.
Ama, descansa.
Sigue el arroyo.