al bajar una escalera
me encuentra.
me encuentra.
Una obra en construcción
con mugre y polvillo
escombros y maderas astilladas
abiertas por la mitad
arrojadas
y sobre una línea recta
en diagonal,
una paloma torcaz,
pichona paloma.
Una vida nueva,
desorientada en un rincón.
Detrás del umbral
tras las puertas,
la obra en construcción.
Humanos creando paredes,
una máquina ruidosa
una máquina ruidosa
aúlla sacando chispas.
Paloma torcaz
con toda inocencia
avanza entre los escombros,
avanza entre los escombros,
picotea la nada
entre colillas de cigarrillo
y polvo de yeso.
entre colillas de cigarrillo
y polvo de yeso.
La observo de pie
con el corazón estrujado,
palomita niña,
picoteando
entre mugre y derrumbe,
entre mugre y derrumbe,
junto a maderas rotas.
La torcaza solo existe,
es, sin tiempo ni razón
es, sin tiempo ni razón
pero también teme,
se le ve.
se le ve.
Se acerca inocentemente
y al accionar la máquina y sus chispas
la paloma regresa pronta a su refugio,
aquel rincón herrumbrado
donde se posa en diagonal,
junto al derrumbe, a salvo.
aquel rincón herrumbrado
donde se posa en diagonal,
junto al derrumbe, a salvo.
Y una vez más paloma
vuelve a acercarse a las puertas,
al umbral del peligro,
con sus máquinas chirriantes,
sus paredes cayendo,
al umbral del peligro,
con sus máquinas chirriantes,
sus paredes cayendo,
misterioso deseo autodestructivo
en su pequeño corazón de pájaro
minúsculo,
en su pequeño corazón de pájaro
minúsculo,
una curiosidad innata hacia el peligro
un llamado a la muerte
desde la joven vida,
inocente
como una paloma torcaz.
Guardo su imagen como un tesoro,
y me alejo también yo del umbral,
con corazón de humana
y razón de paloma.
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