Vi por fin su nacimiento,
aquel instante,
aquel instante,
al fin.
Vi por fin la mariposa
de su capullo al aire,
nacer.
No vi sus colores,
el revés de las alas es casi blanco, casi negro es.
Allí perduró, inmóvil
junto al capullo.
junto al capullo.
Algún misterioso signo le indicó el momento
y entonces se mostró por fin,
naranja,
incandescente,
nueva.
Dudó un instante.
Vi las alas dudar,
las vi plegarse
desplegarse
una vez más
una vez más
nuevas.
Vi por fin de qué modo,
-todo su cuerpo el coraje-
se lanzó a la aventura
y abandonó la planta con su vuelo,
abrazando el vacío.
Zigzagueando
el incierto cielo,
empequeñeciéndose
en la luminosa lejanía.
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