lunes, 4 de enero de 2021

Vuelve la madre a la Mar


Trazo una línea en el aire

que divide la que soy de la que fui.

Yo, la doliente

Yo, hija

Yo niña, yo vieja.

La línea difusa por fin se disipa

Voy y vuelvo

y comprendo:

éste es el regreso

ésta es, por fin,

La gran oda final


Mi madre se adelgaza como una esponja

No húmeda

No seca

Más bien algo muerto bajo el mar

Hundido

Un barco encallado hace tiempo

Encallado en lo oscuro

Opacadas todas sus funciones 


Treinta días de lento fin

Y sigue contando

con boca cerrada

no entran peces

rodean toda la habitación

de verde mar


Madre mía que me diste la vida

hoy es que te rodea la muerte

Camino en círculos para volver al inicio,

el origen,

y espero el fin para renacer con vos

una vez más


Ser sabia de misterio

de desconcierto

haber aprendido a esperar la muerte

con soltura

con luto

con amor


Acunar tus huesos ya sin lágrimas

ahuecar el colchón apenas

pues liviana

ya sin sueño 

sino envuelta en 

el gran sueño que te rodea

está cerca

te abraza la muerte

despacio

te mece en sus brazos de tiempo y espuma

te lleva dulcemente de orilla a orilla

te cruza el mundo en andas, mamá

Tan suave es 

Tu misterioso final


Tu muerte, ¿esperará este poema?

¿Qué misterio te mantiene viva?

A gotas de agua apenas

Bebés las últimas horas

De tiempo

Del gran tiempo


No hay a dónde escapar

Solo caminar en círculos

Y a cada vuelta más liviana

Perdonar

Amar

Andar

Soltar amarras en cualquier lugar

Dar las gracias:

La fracción que se fue no volverá


Espero este enero

Sin cesar la espera

Acuno tu cuerpo en el recuerdo

Abrazo tu alma en el misterio

Sobre el aire

Dibujo una canción que te guíe

Que te lleve a tu estrella

Madre del cielo que me trajo al mundo

Se viene tu noche

Y yo callo y espero, me detengo

El pie en alto para pegar el salto

El ramo listo y preparado

Un velo imaginario y blanco

Porque tu luz es blanca

Y blanca luz la que te lleva


Pañuelos de papel para la peste que acecha

Y tu mirada abierta en la inmensidad

Vuelta hacia adentro

En el silencio

Inimaginable

Esta espera lenta

Esta larga espera


Treinta días de entregarte 

De devolverte a la orilla

al mar del todo

mirar tu barco irse

tan lejos

tan cerca


Ver en la imagen a su vez la llegada

el imaginado parto

la inimaginable partida

tan lenta

tan larga


Tan profundo es el secreto

La palabra no es perder


Dejo abajo y no atrás, el antiguo miedo

Hago un recodo

Y aparece una represa en el camino

Agua estancada y corriente a la vez

Mohosa y fresca

Oscura y cálida:

La gran muerte,

El gran descanso


Abran paso allá abajo

En medio del todo

Por la franja que hace tantos años abrió en el vacío 

Abran paso allí, pues ya vuelve

Ya vuelve la madre

Vuelve la madre a la Mar.

martes, 12 de febrero de 2019

El resplandor

Amo el tiempo.
Y, ¿qué estoy diciendo?
El transcurso del tiempo. 
La espera. Los frutos.
Los ciclos me enamoran,
me enloquecen.

Quiero sembrar semillas para verlas crecer.
Y lo hago.
Escarbo la tierra con mis manos 
y llevo el pensamiento a la acción en mi ventana.
Las planto una a una en mis canteros 
para que ellas me enseñen eso que la vida hace con todos nosotros.
Y viene la muerte. Siempre. Cada vez que se nace.
No es posible ver nacer sin pensarlo.
El máximo resplandor y luego el ocaso.
Va, y viene.
Y siempre se está yendo.
¿Cómo confiar en el tiempo?
Tomando del agua del sol
Bebiendo a sorbos.

Un alguacil desayuna un aloe por minutos
Minutos de tiempo
Y, ¿qué se yo de alguaciles?
Todo. Sé todo del mundo.
Y olvido.

Las tres.
Eso no es el tiempo.
El tiempo es otra cosa.
Me enamora,
me enloquece.

Sentarme a esperar
plenamente
de par en par.


El resplandor.

domingo, 25 de noviembre de 2018

Por cada flor siete capullos

Parece que me demoro.
Parece que hace meses días horas,
varias medidas del tiempo,
que me demoro.

Llegué tarde a la casa de mi cuerpo
y a la vez aún estoy a tiempo.

Otra vez me desperté 
hundida en el barro
haciendo pie
sobre el pantano.

Una vez más
parece
 parí un dolor
perdí una vida
 amanecí muerta.

A un día muerta,
al otro viva.

Pájara que soy, ceniza,
ennegrecida me levanto
y esta vez es en flor.

Por cada flor caída,
siete capullos.

Por cada muerte trazada,
siete puertas que se abren.

El brillo áureo otra vez,
nacido del barro de los días.
La más recóndita oscuridad
fecunda la luz de mi alma.

Esa luz 
no es otra cosa
que la Verdad.

La palabra Dios,
decían ayer,
que no se diga.

Clavé garras 
y surqué silencio,
para que se oiga con todo derecho,
viaje en los tiempos:

la palabra Dios no puede estar prohibida.

El lenguaje parcial y limitado
abre puentes
poderosos
y antiguos.

Dios merece ser nombrado.
La palabra nos hace falta,
nos ruega en la boca.

La palabra y la verdad
hilvanadas 
crean el mundo 
de nuevo,
bajo llamas.

Una y otra vez,

un big bang
de fuerzas
tan misteriosas
como la ausencia del Dios y su presencia.

A un día muerto,
al otro vivo.

Del bendecido misterio
estoy embebida,
lo tomo en copa rota,
a grandes sorbos,
con la boca roja 
de delicioso vino.

Llega la verdad
y le abro la puerta
a la luz del sol que me traspasa.

Siempre soy
el a través.

La pequeña en el todo.
El gran Dios
que nace
sólo porque antes ha muerto.

Desando el camino
ensangrentada y fuerte, emblanquecida.

Abro ventanas por dentro con un gran filo,
entonces salgo:

por cada flor

siete capullos.

jueves, 22 de marzo de 2018

Una vez más, lección de muerte

Una vez más las orugas
esos pequeños proyectos, gusanados
me enseñan.

Las lecciones no siempre
resultan alegres
pues,
no todo es fácil de ver
aunque de ello se desprenda un saber.

He aquí el suceso:
manipulé a las orugas con pequeños palos
como siempre, y con paciencia
pero puede que esta vez les haya hecho un daño,

sin quererlo.

Algunas patas averiadas
algún órgano
 dañado.

Puede haber pasado

que en el afán de ayudar,
estafé

sin quererlo.

Apegada a ellas
quise controlar una vida que no se controla,

se abre ante uno
un jardín
y es un regalo.

Ahora observo a dos orugas brillantes
morir sobre la tierra oscura.
Llevan horas muriendo
y quizás la culpa es mía,

o no.

De un centenar de huevos
que la mariposa deposita, paciente
sobre las ramas de la flor de sangre,
sólo un dos por ciento sobrevive,
llega a adulta,
vuela.

Quizás la razón
 enrosque el alma con culpas
como con un laberinto
y las causas sean otras.

Quizás haya sido la planta nueva
 que trajo novedades,
plagas,
enfermedades.

Yo solo quise ayudar
pero no pude.

No siempre intervenir
no siempre.

Observar,
alejarse,
abstenerse de actuar.

Verlas morir, por horas.
Eternas horas
y no hacer nada.

No tomar ese palo y rematarlas.

No volver a decidir.

Dejar ser,
dejar ir,

sobre la tierra
y para la tierra,
realimentar.

Una vez más,
ver morir
y descansar.

La tierra fértil

Nacida de un volcán
expulsada a la vida abierta
cubierta en lava

me deslicé en la tierra para despegarla
pero la tierra quedó prendida
pegada, sellada

mi cuerpo quedó inmóvil
sin relación entre el adentro y el afuera
protegido y encerrado

amanecida en un volcán
adormecida en un encierro
apreté para adentro para salir
y renací con sangre y muerte, iluminada

emergí de la tierra con tierra fértil
por debajo y encima
por dentro, fértil
la más recóndita oscuridad
junto a la luz más brillante

sin lava ya
la lava lavada
secada al sol
al sol de mis días

nacida de un volcán 
la tierra quieta 
genera una extraña sensación

el reflejo del miedo 
construido por el sabio cuerpo protegido
desanda su camino

intenta lento
soltar amarras
ser uno con la tierra 
y no enterrada
sino sobre 
con 

entre el volcán

entre

la tierra amada
y yo

sin lava
la lava lavada
secada al sol

la tierra fértil
yo.


Forma de oruga

El origen de mi escritura
 fue la observación de las orugas

Nació del reflejo de mi transformación en ellas

Comenzó en ese espejo,
frente al mburucyá-passiflora

De gusano a mariposa,
de la tierra al aire

El salto al vacío,
la mutua ayuda

Lecciones de vida y muerte
me iniciaron en la escritura

De la mano de un pájaro,
o dos

En un pequeño patio
de una minúscula casa

De una profunda ruptura
que provocó una nueva mirada

Siempre una en el todo
todo en una,
de otra forma no es en mí la escritura
´
Y hoy, que es el futuro de aquella que fui,
hoy me muerdo la cola

Un ciclo se cierra,
y en el todo otra vez me encuentro

Las orugas de este tiempo
viven en las alturas

Han escalado montañas de cemento
alcanzando un urbano balcón
Así
se han mostrado a mis ojos

Lo que ellas traen en el hoy
tiene forma de oruga

Hasta ese punto han llegado

Todas las veces
a mis ojos
hasta ese punto han llegado

Todos estos años
flor de sangre en mis balcones
Todas mis casas
pero es hoy que ellas vienen

Son mariposas hermosas
como todas
anaranjadas y gráciles
livianas y hermosas

La nueva lección que ellas traen
asombra como la primera

Las mariposas que hoy visitan mis ventanas
son mariposas monarcas

Quién conoce su aspecto
comprende sus nombres

Mariposa monarca
es mariposa longeva

Miente quien dice que mariposa es flor de un día

La verdad que ellas traen
alcanza,  con frecuencia, nueve meses de existencia

Ésta vez en mi balcón de alturas
he criado mariposas viajeras
con largos destinos

Pequeñas y audaces
Americanas con norte

Dueñas de un poder frágil y férreo
un norte claro y preciso

Pequeñas y aladas
es hacia el norte que emigran
Doradas de un flúor anaranjado
que ostenta en sus alas
el peligro de su hermosura:

Pequeñas dosis de veneno ofician de límite
para que en el largo camino lleguen ilesas
a cumplir su destino

Mariposas monarcas poderosas

gracias doy por haberlas conocido

Enarmorarme esta vez más de su fuerza
que de su frágil belleza

Quisiera espejarme en ellas
y junto a ellas transformarme

Cambiar de piel una vez más
antes de desplegar las alas

Lo que ellas traen en el hoy
tiene forma de oruga

martes, 18 de julio de 2017

De oro

Soy una dama antigua que se pierde en el hoy
una anciana, en plena vida desdentada
una niña apenas, al final del arcoiris,
a punto de comenzar, otra vez.

Recojo monedas de oro
de las oscuras montañas,
reconozco que ese es mi valor.
No las monedas.

Me enaltezco en el lodo
y es a la luz que brillo.
Al final del túnel aparezco,
ensombrecida y cálida es que soy.

Yo,
la verdadera,
plena de luz y sombra
envuelta en llamas.

Tanto quiero ser querida
que por mi misma soy olvidada.

La vocación que el Dios me dio
-a él gracias-
oficia de antídoto sagrado,
contra el dolor del mundo en mí,

todo el dolor del mundo.

Mi voz porta la fuerza del inframundo,
y tintinea celeste en las campanas.
Una voz de mundos, caudalosa,
tanto es su caudal,
que a esa fuerza le temo.

Produzco hiatus en mis cuerdas
y amedrento mis pasiones,
un tiempo.

Hasta que ellas me despiertan,
abren mis negras alas,
y a las blancas cimas me devuelven.

Voy y vuelvo,
emblanquecida.

Me enorgullezco de mi papel porque
sé que soy un a través.

Envuelta en llamas.

De oro.

viernes, 2 de junio de 2017

La orilla

Mi madre, una vez más, está muriendo.
 lentamente,
sin más,
es que la observo irse.

Cada día, se aleja un paso más,
camina descalza por esa larga orilla
mirando ya apenas, de reojo,
hacia este lado de los mundos.

Sus ojos casi allá,
sonríen con toda su alma
cuando reconoce el amor de hija,
el amor de madre.

Atravesar ese mar,
el mar que ella atraviesa,
me constituye por completo.

Aprendo el más grande dolor,
asisto al más complejo espectáculo:
el de la muerte.

Y es poco a poco que muere,
tan lentamente
que cada paso prepara el próximo,
y nunca olvidamos cuál será el paso final.

Un escurrirse del cuerpo
y abrazar la nada y el todo,
traspasar la orilla
y renacer,
en todas las cosas.

Una verdad implacable,
la muerte,
que se presenta lenta y suave
para dejarse ver,
para enseñar a su paso.

Aprender de lo más atroz,
observar de tan cerca a quién se aleja
a quién se escurre y aleja.

martes, 28 de marzo de 2017

Tierra al son

El día brusco y opuesto
coloca suaves palabras en mis sienes
acuna dulcemente, agrios pensamientos.

El mediodía grotesco me cubre de palabras 
susurradas suavemente
como amenazas silenciadas.

En las calles saturan los contrastes,
la visión se encandila con la ausencia en el recuerdo,
del barro brotan las semillas que en la sombra florecen.
Hoy, nacen nuevas las promesas.

Flor de loto
este día de marzo,
de cielo sin luna
y yo, pequeño sol, de a ratos

ocupo el cielo íntegro
de luz

y bajo.

Soy y no soy
aquella estrella en el cielo,

La blanca estrella que ilumina.

Soy también el fuego
por debajo
el pájaro,

muerto ya,
resurrecto.

La tarde cae y pierde el brillo
La flor de noche, perfumada.

Por la tarde muero
y es por la noche que renazco.

Me elevo viva,
estrella roja.

Desde el cielo florezco entera,
y en fuego y bruma desciendo,
cubierta en ruinas de eterno polvo
mezclada en humo,
vuelvo al cuerpo.

Voy y vengo
del bello cielo 
al hondo fuego.

Soy alta y baja
 como la tierra soy
en mi ella vive, 
respiro al son.

De sus frágiles hilos
pendo
del gris universo, 
ovalado y negro.
A oscuras me guían,
con propia luz.

Resbalo y caigo
y siempre me levanto.

Floto como ave etérea,
de pico abierto y filoso.

Hiero y soy herida.
Muero en manos de otro
y en las mías heridas revivo.

Viva voy
y muerta vuelvo

Pero jamás me detengo 

Jamás me pierdo
pues cuando me pierdo es cuando me encuentro.

Pendo de un hilo
tan fuerte y quemante como el sol
tan frágil como el incontable tiempo
el memorable sol,
incontable.

Del sol
al cielo,
de la tierra
al fuego.

Pájara muerta
soy,
pájara herida revivo.

En manos de otro,
muero,
por otros viva, vuelvo.

Me elevo 
y soy.

La Tierra, al son.


martes, 14 de marzo de 2017

La mágica materia del conjunto

Mirar el cielo como en todo paisaje
sentada en rocas o sillones
entre edificios como entre cerros
con o sin vidrios entre medio.

Oir el ruido del agua como un milagro
humanamente organizada
o en ríos o tubos
entre caños o cañadas,
cayendo mágica,
eterna y líquida.

Alcanzar la paz en el ocaso
que obtura
y cierra
entre azules dorados,
rojos grises
y anaranjados.

Sentir por dentro
 y ver por fuera
 lo que siempre muta
y siempre se repite.

Atardecer cada día,
de una manera distinta.

Cantar por dentro mi canto simple,
mi sabio rezo.

Ser
y estar hecha

de la mágica materia del conjunto.

miércoles, 1 de febrero de 2017

Ver morir y descansar

La torcaza una vez más me recibe
esta vez moribunda
herida o enferma,

¿o es que es joven?

Su andar torcido
es el que hace que la vea
sobre la tierra negra
en el cantero
junto al níspero viejo
 y sus hojas podadas.

Paloma torcaz es joven, pichona grande
pero pichona camina
camina y gira
da un paso y gira.

Da vueltas sobre si misma
pisoteando su propia cabeza,
algo nunca visto
camina y a si misma se pisa
un giro completo, y otro.

Se cansa
o eso, humana, interpreto.

 Entonces descansa,
se echa calma sobre la tierra
y yo me echo sobre el asfalto, humana, observo.

Siento el impulso de salvarla
de tomarla entre mis manos y llevarla a mi morada
para amarla y curarla.

Echada sobre el asfalto me juzgo
y con mi voz humana me digo sensata
que no es mi tarea
que quizás ni siquiera está herida
que quizás sólo esté aprendiendo
a caminar, volar.

Recuerdo los giros sobre si misma
y entonces vuelven las dudas
y otra vez deseo llevármela, mía
 en mis manos protegida hacerla mía,
en mi casa en cemento,
mi terraza jardin.

La voz humana de nuevo
me dice que no
que no es mi tarea me dice sensata
que si va a morir
morirá de todas formas
en terraza jardín o negro cantero.

Sigo observándola
y la paloma se ha dormido.
Pienso en la muerte
y veo que su pájaro cuerpo respira.
Las grises plumas se alzan
paloma y yo juntas,
en un alto en el camino,
tratando de entender,
juntas.

Pienso que quizás la torcaza se ha cansado
de andar en giros
de intentarlo
y que por fin se echó suavemente a dormir
sobre esa sabia frase que en ella no es razón
sino instinto que reza que si el problema no tiene solución
por qué preocuparse y si tiene lo mismo.

Empieza a atardecer
y me digo que ella está bien
que vivir o morir
es su destino descansar.

Ella está en su vida,
la que le toca,
que implica muerte
y final, como la mía.

Me despido sin saludar
como quien se aleja de algo ajeno que lo implica y lo excede.
Como una observadora omnisciente
solo miro sus ojos que se abren y se cierran,
y su plumaje pulsando,
llenándose y vaciándose.

Camino a paso lento y no vuelvo a girar.
Subo a mi morada
y al llegar el Hombre se lo cuento,
digo: Vi una paloma al llegar.

El hombre dice: ¿Una paloma muerta?

Y entonces lo sé.
Pero pregunto, con temor, ¿muerta?

No no, no sé, contesta el Hombre.

Pero entonces yo sé.

Al bajar a la calle muerta la encuentro
y lo confirmo, sobre la tierra.

Cumple su destino paloma,
y yo, humana, también, paloma.

La lección esta vez pienso
es comprender,

ver morir
y descansar.



domingo, 4 de diciembre de 2016

Sueño de luna llena / Dos libros para el Señor

Dos chicas jóvenes
Tapados caqui
Marrón
Claras

Cabello corto y oscuro
Entran al salón

Piden dejar
Dos libros
Para el Señor.

Un policía las recibe
Les recibe los libros

El policía pregunta,
De parte de quien?

Las niñas callan.

El policía afirma,
Soy policía pero no tengan miedo.

Las niñas se miran cómplices
Sonríen entre risas 
Susurran secretos
Tomadas de las manos
Y acuerdan.

Es un misterio, responden.
Dejan los libros 
Y riendo
Se alejan.

Y el gran viento

Sueño con famosos
sábanas de cuero
y amatistas.

Abro los ojos detrás de un árbol
y estoy ciega.

Del otro lado del árbol
Astro es mi guía,
tiende sus grandes manos
para dar mis pasos ciegos,

con fé
sin miedos,

avanzar sin ver.

Sueño con mi hermana
gemela
maestra
y nuestros alumnos
que son  a su vez maestros y discípulos,

familia e hijos.

La obra comienza y llegan más,
paso de la escena a la butaca
sin solución de continuidad,

estoy aquí
 y allá,

miro y soy vista.

Sueño con calles de Pompeya
la nuestra
despido a la dramaturga
y camino por una ciudad desierta
con un vestido que el viento levanta hermosamente
con poesía.

Llevo el pelo suelto y una joven promesa.

No sé cuál.

Y el gran viento.

Sueño.

Razón de paloma

La realidad como un espejo
al bajar una escalera
me encuentra.

Una obra en construcción
con mugre y polvillo
escombros y maderas astilladas
abiertas por la mitad
arrojadas

y sobre una línea recta
en diagonal,
una paloma torcaz,
pichona paloma.

Una vida nueva,
desorientada en un rincón.

Detrás del umbral
tras las puertas,
la obra en construcción.

Humanos creando paredes,
una máquina ruidosa
aúlla sacando chispas.

Paloma torcaz 
con toda inocencia
avanza entre los escombros,
picotea la nada
entre colillas de cigarrillo
y polvo de yeso.

La observo de pie
con el corazón estrujado,
palomita niña,
picoteando
entre mugre y derrumbe,

junto a maderas rotas.

La torcaza solo existe,
es, sin tiempo ni razón
pero también teme,
se le ve.

Se acerca inocentemente
y al accionar la máquina y sus chispas
la paloma regresa pronta a su refugio,
aquel rincón herrumbrado
donde se posa en diagonal,
junto al derrumbe, a salvo.

Y una vez más paloma
vuelve a acercarse a las puertas,
al umbral del peligro,
con sus máquinas chirriantes,
sus paredes cayendo,

misterioso deseo autodestructivo
en su pequeño corazón de pájaro
minúsculo,

una curiosidad innata hacia el peligro
un llamado a la muerte
desde la joven vida,

inocente
como una paloma torcaz.

Guardo su imagen como un tesoro,
y me alejo también yo del umbral,
con corazón de humana
y razón de paloma.

viernes, 11 de noviembre de 2016

Y el cielo es carmín

Un día especial, la brisa
un caminar liviano y la música
una sensación eterna, la tarde
un movimiento eterno y el sol.

Percibir la ciudad por debajo,
por encima el enorme cielo,
ensangrentado y rosa
un carmín amable,
sin muerte.

Sólo la tarde muere
para renacer
el sol
mañana
y hoy leve muerte,
momentánea y profunda.

La tarde muere
con el sol
y algo en mí se escucha terminado
-se oye en los pasos, el pulso, el pecho-
alegremente muerto,
y da comienzo.

Una canción nueva
distinta
acompasa los pasos
y el sol se esconde en las calles,
los edificios,
los caminos de asfalto,
tras la ancha avenida, los pasos.

Pero hoy es descanso
y leve caminar
y aire suave que entra sin esfuerzo,
final y comienzo.
Ciclo de pasos al son
los latidos,
cuerpo entero e íntegro,
suave y frágil,
eterno sol
que esta tarde camina y muere.

Los pasos van solos
acompañan el camino
no podría decir que saben
pues el saber es confuso
y tantas veces separa
cuando mejor sería unir,  iluminando.

Pero el sol si,
ilumina
y pasa
y un caballo galopa sobre el asfalto
y dos hombres tiran de un carro
y yegua mansa, yo
camino al son,
en la tarde que muere,
con suave despojo,
pequeña dicha,
secreta.

Sin triste muerte,
muerte pura y transformación,
alegre y mansa dicha,
morir naciendo,
junto al sol

y los árboles
las hojas

los humanos tan extraños
yo misma
y mis costumbres
de las que suavemente me sonrío y me burlo
hoy, que entiendo, me burlo con compasión,
y comprendo.

Es una tarde en la que comprendo
simplemente,
hoy soy sabia
y el cielo es carmín

y cuando el sol se esconda
con la noche otra vez
vendrá la confusión,
que también es eterna,
como el pecado.

Pero hoy, que es un instante,
hoy soy sabia,
dejo pasar y paso,
muere la tarde
y muero,
junto al sol eterno,

renazco.


lunes, 12 de septiembre de 2016

La muerte un domingo

La muerte un domingo

deja un sabor a final
que lejos de generar ansiedad,

calma.

Recordar que hay un punto
un final de esta forma

renueva el sentido
 el misterio

la magia de los ciclos.

Duermo y sueño con ciempiés

subterráneo 
caminando en el llano

sobre el humano parquet
se desliza inhumano,

eterno.

Camina sobre un centenar
sin detenerse a pensar en su mecanismo

es, junto a todos sus pies
arriba, abajo

hasta que la muerte los separe
y transforme,

arriba

abajo.

Un centenar.

domingo, 7 de agosto de 2016

La verdad

abran paso
las puertas

de par en par
abran paso

aquí llega,

la verdad.

demosle cálida bienvenida
reconozcámosla en nuestro corazón
brindemos por el dolor que nos causa
dolor que cosecha, siembra dicha

la verdad.

cavemos los pozos
descendamos las colinas
las arenas, las ideas,
destruyamos los castillos
idealismos y mentiras

cavemos y cavemos los pozos
donde muera la mentira
donde nazca la verdad

luz que nace a oscuras
tierra fértil,

la verdad.

mueran todas las antiguas mentiras
 los antiguos envases
resquebrájense los viejos trajes
los modelos

entiérrense en negra tierra
 las ideas
hondos pozos se caven
donde nazca
 plena y fuerte,

la verdad.

muerte
y resurrección,

una vez más

abran puertas
abran pozos

renacida
luz

 de la verdad.

jueves, 23 de junio de 2016

el día y la noche

y qué voy a decir
después de verla
que somos tres soles

tres flores
que somos la incertidumbre
la dicha y la pena

y qué voy a decir del sentido
después de verla
¿que no lo encuentro?
¿que se me pierde?

que somos puro cuento
y misterio

que somos sol y luna
y el viento que pasa
y el tiempo que arrasa

y nada más

que un día y después otro
el tiempo, el día y la noche

y nada más

que después de la noche,
el día

y entre tanto,
misterio

eso es todo lo que voy a decir:

el día y la noche.

domingo, 5 de junio de 2016

Conjuro

Días de encierro
hundimiento y fango
y pantanos

como en un continuado
caer y caer cayendo

una ira profunda
una furia ancestral
un fuego en la boca
quema quemante

mi bruja 
 cuando no puede salir
me quema por dentro

hay tanto ahí dentro
y disimulo

intento los moldes
pruebo las formas
niego mi furia
mi deseo y mi furia
inevitablemente juntos 
 siempre

fuego en el cuerpo
quema,
quemante
tanto le temo
y conjuro:

Sol que abrasa
abraza tu furia
arde con tu quemante brasa
toda tu potencia

troca el dolor en oro, ya lo sabes
y expulsa tu furia 
para que pueda regresar 
en fuerza

recibe a tu dolor en la casa de tu cuerpo
tu sangre herida
ahuécala en el pecho
arrullála hasta el sueño en la habitación de tu corazón
abre de par en par esa puerta

compartela entonces al mundo
y ya domada
 que encarne la ficción de toda tu vida
brillante y limpia 
como la más hermosa flor de los pantanos

y así vendrá el canto
la dicha con el canto
de la mano de la furia
la calma, la dicha y el canto

canta por dentro
tu canción de bruja, de niña
de bruja

y alza la voz 
para quien pueda oír
que oiga.

Bruja que soy,

conjuro.

jueves, 5 de mayo de 2016

Al sol de mis emociones

el potro de mis emociones
desbocado
no es yegua
es potro,
embravecido

tironeando riendas
por dentro
desbocado
 y hambriento
lo aquieto,
lo amarro

engañado lo llevo a pastar
al mundo de los sueños
en la pradera inconsciente
lo obligo a descansar

en la sombra él se enciende
y al sol se está mejor
potro en la noche bravío
por la mañana la calma
la nueva esperanza,
siempre

al sol de mis emociones.