Mirar el cielo como en todo paisaje
sentada en rocas o sillones
entre edificios como entre cerros
con o sin vidrios entre medio.
Oir el ruido del agua como un milagro
humanamente organizada
o en ríos o tubos
entre caños o cañadas,
cayendo mágica,
eterna y líquida.
Alcanzar la paz en el ocaso
que obtura
y cierra
entre azules dorados,
rojos grises
y anaranjados.
Sentir por dentro
y ver por fuera
lo que siempre muta
y siempre se repite.
Atardecer cada día,
de una manera distinta.
Cantar por dentro mi canto simple,
mi sabio rezo.
Ser
y estar hecha
de la mágica materia del conjunto.
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