viernes, 2 de junio de 2017

La orilla

Mi madre, una vez más, está muriendo.
 lentamente,
sin más,
es que la observo irse.

Cada día, se aleja un paso más,
camina descalza por esa larga orilla
mirando ya apenas, de reojo,
hacia este lado de los mundos.

Sus ojos casi allá,
sonríen con toda su alma
cuando reconoce el amor de hija,
el amor de madre.

Atravesar ese mar,
el mar que ella atraviesa,
me constituye por completo.

Aprendo el más grande dolor,
asisto al más complejo espectáculo:
el de la muerte.

Y es poco a poco que muere,
tan lentamente
que cada paso prepara el próximo,
y nunca olvidamos cuál será el paso final.

Un escurrirse del cuerpo
y abrazar la nada y el todo,
traspasar la orilla
y renacer,
en todas las cosas.

Una verdad implacable,
la muerte,
que se presenta lenta y suave
para dejarse ver,
para enseñar a su paso.

Aprender de lo más atroz,
observar de tan cerca a quién se aleja
a quién se escurre y aleja.

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