martes, 28 de marzo de 2017

Tierra al son

El día brusco y opuesto
coloca suaves palabras en mis sienes
acuna dulcemente, agrios pensamientos.

El mediodía grotesco me cubre de palabras 
susurradas suavemente
como amenazas silenciadas.

En las calles saturan los contrastes,
la visión se encandila con la ausencia en el recuerdo,
del barro brotan las semillas que en la sombra florecen.
Hoy, nacen nuevas las promesas.

Flor de loto
este día de marzo,
de cielo sin luna
y yo, pequeño sol, de a ratos

ocupo el cielo íntegro
de luz

y bajo.

Soy y no soy
aquella estrella en el cielo,

La blanca estrella que ilumina.

Soy también el fuego
por debajo
el pájaro,

muerto ya,
resurrecto.

La tarde cae y pierde el brillo
La flor de noche, perfumada.

Por la tarde muero
y es por la noche que renazco.

Me elevo viva,
estrella roja.

Desde el cielo florezco entera,
y en fuego y bruma desciendo,
cubierta en ruinas de eterno polvo
mezclada en humo,
vuelvo al cuerpo.

Voy y vengo
del bello cielo 
al hondo fuego.

Soy alta y baja
 como la tierra soy
en mi ella vive, 
respiro al son.

De sus frágiles hilos
pendo
del gris universo, 
ovalado y negro.
A oscuras me guían,
con propia luz.

Resbalo y caigo
y siempre me levanto.

Floto como ave etérea,
de pico abierto y filoso.

Hiero y soy herida.
Muero en manos de otro
y en las mías heridas revivo.

Viva voy
y muerta vuelvo

Pero jamás me detengo 

Jamás me pierdo
pues cuando me pierdo es cuando me encuentro.

Pendo de un hilo
tan fuerte y quemante como el sol
tan frágil como el incontable tiempo
el memorable sol,
incontable.

Del sol
al cielo,
de la tierra
al fuego.

Pájara muerta
soy,
pájara herida revivo.

En manos de otro,
muero,
por otros viva, vuelvo.

Me elevo 
y soy.

La Tierra, al son.


martes, 14 de marzo de 2017

La mágica materia del conjunto

Mirar el cielo como en todo paisaje
sentada en rocas o sillones
entre edificios como entre cerros
con o sin vidrios entre medio.

Oir el ruido del agua como un milagro
humanamente organizada
o en ríos o tubos
entre caños o cañadas,
cayendo mágica,
eterna y líquida.

Alcanzar la paz en el ocaso
que obtura
y cierra
entre azules dorados,
rojos grises
y anaranjados.

Sentir por dentro
 y ver por fuera
 lo que siempre muta
y siempre se repite.

Atardecer cada día,
de una manera distinta.

Cantar por dentro mi canto simple,
mi sabio rezo.

Ser
y estar hecha

de la mágica materia del conjunto.

miércoles, 1 de febrero de 2017

Ver morir y descansar

La torcaza una vez más me recibe
esta vez moribunda
herida o enferma,

¿o es que es joven?

Su andar torcido
es el que hace que la vea
sobre la tierra negra
en el cantero
junto al níspero viejo
 y sus hojas podadas.

Paloma torcaz es joven, pichona grande
pero pichona camina
camina y gira
da un paso y gira.

Da vueltas sobre si misma
pisoteando su propia cabeza,
algo nunca visto
camina y a si misma se pisa
un giro completo, y otro.

Se cansa
o eso, humana, interpreto.

 Entonces descansa,
se echa calma sobre la tierra
y yo me echo sobre el asfalto, humana, observo.

Siento el impulso de salvarla
de tomarla entre mis manos y llevarla a mi morada
para amarla y curarla.

Echada sobre el asfalto me juzgo
y con mi voz humana me digo sensata
que no es mi tarea
que quizás ni siquiera está herida
que quizás sólo esté aprendiendo
a caminar, volar.

Recuerdo los giros sobre si misma
y entonces vuelven las dudas
y otra vez deseo llevármela, mía
 en mis manos protegida hacerla mía,
en mi casa en cemento,
mi terraza jardin.

La voz humana de nuevo
me dice que no
que no es mi tarea me dice sensata
que si va a morir
morirá de todas formas
en terraza jardín o negro cantero.

Sigo observándola
y la paloma se ha dormido.
Pienso en la muerte
y veo que su pájaro cuerpo respira.
Las grises plumas se alzan
paloma y yo juntas,
en un alto en el camino,
tratando de entender,
juntas.

Pienso que quizás la torcaza se ha cansado
de andar en giros
de intentarlo
y que por fin se echó suavemente a dormir
sobre esa sabia frase que en ella no es razón
sino instinto que reza que si el problema no tiene solución
por qué preocuparse y si tiene lo mismo.

Empieza a atardecer
y me digo que ella está bien
que vivir o morir
es su destino descansar.

Ella está en su vida,
la que le toca,
que implica muerte
y final, como la mía.

Me despido sin saludar
como quien se aleja de algo ajeno que lo implica y lo excede.
Como una observadora omnisciente
solo miro sus ojos que se abren y se cierran,
y su plumaje pulsando,
llenándose y vaciándose.

Camino a paso lento y no vuelvo a girar.
Subo a mi morada
y al llegar el Hombre se lo cuento,
digo: Vi una paloma al llegar.

El hombre dice: ¿Una paloma muerta?

Y entonces lo sé.
Pero pregunto, con temor, ¿muerta?

No no, no sé, contesta el Hombre.

Pero entonces yo sé.

Al bajar a la calle muerta la encuentro
y lo confirmo, sobre la tierra.

Cumple su destino paloma,
y yo, humana, también, paloma.

La lección esta vez pienso
es comprender,

ver morir
y descansar.



domingo, 4 de diciembre de 2016

Sueño de luna llena / Dos libros para el Señor

Dos chicas jóvenes
Tapados caqui
Marrón
Claras

Cabello corto y oscuro
Entran al salón

Piden dejar
Dos libros
Para el Señor.

Un policía las recibe
Les recibe los libros

El policía pregunta,
De parte de quien?

Las niñas callan.

El policía afirma,
Soy policía pero no tengan miedo.

Las niñas se miran cómplices
Sonríen entre risas 
Susurran secretos
Tomadas de las manos
Y acuerdan.

Es un misterio, responden.
Dejan los libros 
Y riendo
Se alejan.

Y el gran viento

Sueño con famosos
sábanas de cuero
y amatistas.

Abro los ojos detrás de un árbol
y estoy ciega.

Del otro lado del árbol
Astro es mi guía,
tiende sus grandes manos
para dar mis pasos ciegos,

con fé
sin miedos,

avanzar sin ver.

Sueño con mi hermana
gemela
maestra
y nuestros alumnos
que son  a su vez maestros y discípulos,

familia e hijos.

La obra comienza y llegan más,
paso de la escena a la butaca
sin solución de continuidad,

estoy aquí
 y allá,

miro y soy vista.

Sueño con calles de Pompeya
la nuestra
despido a la dramaturga
y camino por una ciudad desierta
con un vestido que el viento levanta hermosamente
con poesía.

Llevo el pelo suelto y una joven promesa.

No sé cuál.

Y el gran viento.

Sueño.

Razón de paloma

La realidad como un espejo
al bajar una escalera
me encuentra.

Una obra en construcción
con mugre y polvillo
escombros y maderas astilladas
abiertas por la mitad
arrojadas

y sobre una línea recta
en diagonal,
una paloma torcaz,
pichona paloma.

Una vida nueva,
desorientada en un rincón.

Detrás del umbral
tras las puertas,
la obra en construcción.

Humanos creando paredes,
una máquina ruidosa
aúlla sacando chispas.

Paloma torcaz 
con toda inocencia
avanza entre los escombros,
picotea la nada
entre colillas de cigarrillo
y polvo de yeso.

La observo de pie
con el corazón estrujado,
palomita niña,
picoteando
entre mugre y derrumbe,

junto a maderas rotas.

La torcaza solo existe,
es, sin tiempo ni razón
pero también teme,
se le ve.

Se acerca inocentemente
y al accionar la máquina y sus chispas
la paloma regresa pronta a su refugio,
aquel rincón herrumbrado
donde se posa en diagonal,
junto al derrumbe, a salvo.

Y una vez más paloma
vuelve a acercarse a las puertas,
al umbral del peligro,
con sus máquinas chirriantes,
sus paredes cayendo,

misterioso deseo autodestructivo
en su pequeño corazón de pájaro
minúsculo,

una curiosidad innata hacia el peligro
un llamado a la muerte
desde la joven vida,

inocente
como una paloma torcaz.

Guardo su imagen como un tesoro,
y me alejo también yo del umbral,
con corazón de humana
y razón de paloma.

viernes, 11 de noviembre de 2016

Y el cielo es carmín

Un día especial, la brisa
un caminar liviano y la música
una sensación eterna, la tarde
un movimiento eterno y el sol.

Percibir la ciudad por debajo,
por encima el enorme cielo,
ensangrentado y rosa
un carmín amable,
sin muerte.

Sólo la tarde muere
para renacer
el sol
mañana
y hoy leve muerte,
momentánea y profunda.

La tarde muere
con el sol
y algo en mí se escucha terminado
-se oye en los pasos, el pulso, el pecho-
alegremente muerto,
y da comienzo.

Una canción nueva
distinta
acompasa los pasos
y el sol se esconde en las calles,
los edificios,
los caminos de asfalto,
tras la ancha avenida, los pasos.

Pero hoy es descanso
y leve caminar
y aire suave que entra sin esfuerzo,
final y comienzo.
Ciclo de pasos al son
los latidos,
cuerpo entero e íntegro,
suave y frágil,
eterno sol
que esta tarde camina y muere.

Los pasos van solos
acompañan el camino
no podría decir que saben
pues el saber es confuso
y tantas veces separa
cuando mejor sería unir,  iluminando.

Pero el sol si,
ilumina
y pasa
y un caballo galopa sobre el asfalto
y dos hombres tiran de un carro
y yegua mansa, yo
camino al son,
en la tarde que muere,
con suave despojo,
pequeña dicha,
secreta.

Sin triste muerte,
muerte pura y transformación,
alegre y mansa dicha,
morir naciendo,
junto al sol

y los árboles
las hojas

los humanos tan extraños
yo misma
y mis costumbres
de las que suavemente me sonrío y me burlo
hoy, que entiendo, me burlo con compasión,
y comprendo.

Es una tarde en la que comprendo
simplemente,
hoy soy sabia
y el cielo es carmín

y cuando el sol se esconda
con la noche otra vez
vendrá la confusión,
que también es eterna,
como el pecado.

Pero hoy, que es un instante,
hoy soy sabia,
dejo pasar y paso,
muere la tarde
y muero,
junto al sol eterno,

renazco.