Fue de pie, sobre la plaza, cuando comprendí.
A los guerreros de antaño, a los de todos los tiempos,
a los valientes en lucha, a los guerreros,
a los de todos los tiempos.
Una fuerza más grande que yo, histórica,
junto a las campanadas de la catedral dando las seis
me tomó simplemente en sus brazos.
Me acunó una bravía,
una fuerza histórica, de hombres.
De mujeres y hombres.
Dispuesta a todo,
de pronto.
La boca ensalivada.
Lista. De pie,
sobre la plaza.
Una bravía instantánea.
Una gloria sin lanza.
Un coraje grande, universal
me tomó por completo.
Entre la multitud enardecida.
Sobre la plaza. Ávida,
entre la ardiente multitud.
Tenemos la furia, pensé,
y el corazón.
Abierto, atento.
Dispuesto.
Los años que pasan y yo sobre la plaza.
Ávida. Ardiente. De pie,
sobre la plaza.
martes, 15 de diciembre de 2015
sábado, 12 de diciembre de 2015
Del verbo extrañar
La recuerdo fuerte en estos días.
Como quien recuerda a un muerto pero no.
Definir por el margen, por lo que queda por fuera.
Su blanca camisa.
Uso su blanca camisa,
abotonada, como un tesoro.
Visito un cumpleaños y, como un tesoro la imagino allí.
Entre los jóvenes la más joven.
Casi muerta y sin embargo la más joven. La más bella.
Madre eterna, que en suerte me ha tocado.
Partículas soy, fortuna.
Soy hija de la fuerza
y el amor. Soy.
Y en amor sufro.
La extraño y sufro.
Y tengo fortunas.
La extraño horror, horror de extrañar.
Y luego, despierto,
como de un sueño doloroso, sonriendo
despierto junto al camino, detenida,
comprendo, me digo:
Alma mía, solsticio,
¿cómo has de extrañarla?
Si está en mí.
Del verbo extrañar.
Madre.
Como quien recuerda a un muerto pero no.
Definir por el margen, por lo que queda por fuera.
Su blanca camisa.
Uso su blanca camisa,
abotonada, como un tesoro.
Visito un cumpleaños y, como un tesoro la imagino allí.
Entre los jóvenes la más joven.
Casi muerta y sin embargo la más joven. La más bella.
Madre eterna, que en suerte me ha tocado.
Partículas soy, fortuna.
Soy hija de la fuerza
y el amor. Soy.
Y en amor sufro.
La extraño y sufro.
Y tengo fortunas.
La extraño horror, horror de extrañar.
Y luego, despierto,
como de un sueño doloroso, sonriendo
despierto junto al camino, detenida,
comprendo, me digo:
Alma mía, solsticio,
¿cómo has de extrañarla?
Si está en mí.
Del verbo extrañar.
Madre.
miércoles, 9 de diciembre de 2015
Observaciones II
Suben, son varios y creo que son mis amigos por aquella anécdota del celular. Me pregunto en qué idioma hablan. Ajeno. Incomprensible. Luego comprendo. Una de ellas cuenta un robo como una actriz. Las oyentes alrededor también. Todas actrices, todas sordas. Se miran y así pueden oírse. Mirándose. Grandes gestos, enormes reacciones. Los ojos, las bocas, todos los dedos. Acaparan nuestra atención por completo. Los gestos son maravillosos. Grandilocuentes. Y se tocan. Todo el tiempo ellas se tocan. Se miran a los ojos. Se ven. Necesitan verse y tocarse para entenderse. Y bajan. Dejan en el silencio miradas cómplices entre los otros, que esta vez somos nosotros.
jueves, 3 de diciembre de 2015
Observaciones I
Hay ciertos días. Ciertos momentos de las tardes en las que sale el sol entre las nubes de un cielo recién despejado en los que todo me resulta mágico y tengo que hacer una especie de esfuerzo en los transportes públicos por no llorar o sonreír demasiado. Unos simples dedos repiquetear de un señor que lee el diario y relojea apenas una mujer hermosa al pasar. Un niño en lucha imaginaria en medio de la acera del trajín adulto, librando y ganando valientes batallas. Y ellos. Justo entonces, entran ellos. Los sordomudos. Suben al colectivo desplegando su arte comunicativo como un regalo. Hay una, la más gorda y coqueta, de voz audible y fuerte, que pareciera hablar un idioma único. Con total seguridad. Esa es mi preferida. Es una actriz. Como yo. En el 151. Y el mburucuyá en flor junto a la vía. Y la niña que sube y el impulso frenado de besarla en la frente y subirla a mi falda. Amiga de todos. Hermana. Son momentos. Ciertos momentos. De oro.
martes, 10 de noviembre de 2015
En el idioma de las palomas
¡Aves aves aves!
Aves preciosas
a mi encuentro
siempre.
¡Me mudo a las casas!
¡A cada casa ellas vienen!
Vuelan,
sobrevuelan.
A cada casa ellas vienen.
Conocernos fue duro,
entre tanto trajín-trajín
andar y andar citadino,
parece ser yo, no las miraba.
¡Aves, por doquier, aves!
Y yo sin ver,
no las miraba.
Sabias aves forzadas,
violentas y abruptas
hicieron su entrada
y en buena hora en la noche,
hicieron su entrada.
Pequeño pájaro verde,
misterioso y pequeño,
se aprontó dispuesto, junto a mi ventana
con toscos golpes de pico
como quien llama y reclama.
Fueron varias noches,
de pocas noches aisladas,
junto al balcón verde pájaro piaba,
verde pájaro, clamaba:
¡Despierta, Sol! ¡Sal!
¡Sol! ¡Ya despierta!
Y salí, claro,
no soy tonta.
¿Quién podría desoír el llamado de un pájaro
que en medio de la noche
a nuestra urbana ventana nos llama?
A la vida fui, no soy tonta.
Alcé vuelo
me perdí en lo alto
tan alto
que bajé brusca
De pronto.
Enterré penas
bajo las matas
junto a los parques,
dos penas
y tres pesares.
Y ellas volvieron.
¡Aves, aves y más aves!
Aves preciosas
a mi encuentro siempre.
Fueron torcazas,
pequeñas y grandes.
Picaflores verdes, marrones
amarillos y rojos.
Picasurós en duplas
y aguiluchos en riña.
Y torcazas, torcacitas,
muchas palomas torcazas.
A cada ventana,
en cada casa,
junto a los lazos hicieron nidos
dejaron crías,
pequeños pájaros ofrenda,
hijos y huevos.
Aves,
aves preciosas.
Vuelan
sobrevuelan.
Son misterios.
Espíritu.
Mensaje y mensajeras.
Son mi guía y mis señuelos
mi "no me olvides",
mi gran señuelo.
Colibríes en sueños
en bandadas y a solas
vuelan
sobrevuelan.
Me cantan canciones
de "no me olvides. soy la esencia
eterna soy, paloma".
Y aquí han vuelto,
una vez más han llegado,
sobre el cemento liso y nuevo
pequeña torcaza, hoy
me esperaba.
Nuevamente de noche y me esperaba
junto al gris ascensor
que mostró ajeno
enseñó tosco, gris humano.
Mientras ella, blanca grisácea,
gris divino,
sobre el rojo azulejo
me esperaba.
En la baldosa sin miedo,
ya sin graznido
sino blanca mirada,
calma paloma, serenamente
arrulladita me esperaba.
Hablamos bajo,
en el idioma de las palomas.
Despedirnos nos tomó un tiempo,
el mensaje ya entregado,
pero es que a veces
en la misión se confunde,
se pierde uno en el viaje.
trajín-trajín, andar y andar
y uno sin ver, viendo.
Voló y sobrevoló paloma
bajo un garage de autos grises
que enseñó toscos, ajenos.
Chocó contra los techos
y fui yo por fin quien la ayudó esta vez
calma paloma,
corrí tras ella,
serenamente,
hasta alcanzar el cielo.
Libre por fin
remontó hacia alto cielo, celeste
oscuro y brillante,
en paz con la luz
y con la sombra,
sobrevolando cielos.
Paloma eterna
alta
y
profunda,
regrese siempre,
alcance cielos.
Aves preciosas
a mi encuentro
siempre.
¡Me mudo a las casas!
¡A cada casa ellas vienen!
Vuelan,
sobrevuelan.
A cada casa ellas vienen.
Conocernos fue duro,
entre tanto trajín-trajín
andar y andar citadino,
parece ser yo, no las miraba.
¡Aves, por doquier, aves!
Y yo sin ver,
no las miraba.
Sabias aves forzadas,
violentas y abruptas
hicieron su entrada
y en buena hora en la noche,
hicieron su entrada.
Pequeño pájaro verde,
misterioso y pequeño,
se aprontó dispuesto, junto a mi ventana
con toscos golpes de pico
como quien llama y reclama.
Fueron varias noches,
de pocas noches aisladas,
junto al balcón verde pájaro piaba,
verde pájaro, clamaba:
¡Despierta, Sol! ¡Sal!
¡Sol! ¡Ya despierta!
Y salí, claro,
no soy tonta.
¿Quién podría desoír el llamado de un pájaro
que en medio de la noche
a nuestra urbana ventana nos llama?
A la vida fui, no soy tonta.
Alcé vuelo
me perdí en lo alto
tan alto
que bajé brusca
De pronto.
Enterré penas
bajo las matas
junto a los parques,
dos penas
y tres pesares.
Y ellas volvieron.
¡Aves, aves y más aves!
Aves preciosas
a mi encuentro siempre.
Fueron torcazas,
pequeñas y grandes.
Picaflores verdes, marrones
amarillos y rojos.
Picasurós en duplas
y aguiluchos en riña.
Y torcazas, torcacitas,
muchas palomas torcazas.
A cada ventana,
en cada casa,
junto a los lazos hicieron nidos
dejaron crías,
pequeños pájaros ofrenda,
hijos y huevos.
Aves,
aves preciosas.
Vuelan
sobrevuelan.
Son misterios.
Espíritu.
Mensaje y mensajeras.
Son mi guía y mis señuelos
mi "no me olvides",
mi gran señuelo.
Colibríes en sueños
en bandadas y a solas
vuelan
sobrevuelan.
Me cantan canciones
de "no me olvides. soy la esencia
eterna soy, paloma".
Y aquí han vuelto,
una vez más han llegado,
sobre el cemento liso y nuevo
pequeña torcaza, hoy
me esperaba.
Nuevamente de noche y me esperaba
junto al gris ascensor
que mostró ajeno
enseñó tosco, gris humano.
Mientras ella, blanca grisácea,
gris divino,
sobre el rojo azulejo
me esperaba.
En la baldosa sin miedo,
ya sin graznido
sino blanca mirada,
calma paloma, serenamente
arrulladita me esperaba.
Hablamos bajo,
en el idioma de las palomas.
Despedirnos nos tomó un tiempo,
el mensaje ya entregado,
pero es que a veces
en la misión se confunde,
se pierde uno en el viaje.
trajín-trajín, andar y andar
y uno sin ver, viendo.
Voló y sobrevoló paloma
bajo un garage de autos grises
que enseñó toscos, ajenos.
Chocó contra los techos
y fui yo por fin quien la ayudó esta vez
calma paloma,
corrí tras ella,
serenamente,
hasta alcanzar el cielo.
Libre por fin
remontó hacia alto cielo, celeste
oscuro y brillante,
en paz con la luz
y con la sombra,
sobrevolando cielos.
Paloma eterna
alta
y
profunda,
regrese siempre,
alcance cielos.
domingo, 11 de octubre de 2015
Máquina por fin, descanse
El final de un teatro
una ficción
tan eterna como efímera
verdadera y mágica
absoluto presente
majestuoso,
el eterno ser
el eterno ser
y no ser.
/Soy
y no soy/
y no soy/
una gran dramática
la Beatriz literaria
la pintora y la actriz
la Beatriz de las bestias
de los ciegos,
las bestias.
Misteriosa Viterbo
de impalpable existencia
la Beatriz de Borges,
su fantasma.
su fantasma.
/¿Y ésta?/
Ésta tampoco existió.
Detrás del muro
junto a la hiedra
al otro lado, sí
junto a la hiedra
al otro lado, sí
de impalpables barreras
e infranqueables fronteras
allá, sí
ella existió.
allá, sí
ella existió.
Tuvo extensa vida,
vibrante
en la fiebre de la ficción
en la blanca espuma
de la más real de las mentiras
en la vida imaginaria
-igualmente imperfecta-
centelleante, radiante,
-igualmente imperfecta-
centelleante, radiante,
danzarina y profunda.
El final de un amor
con reyes y fosas
lanzas y rosas,
y fuegos fatuos.
Ilusión
que al no ser
es,
para siempre
para siempre
máquina
de desvelo y amor
de poderosa fricción
humana,
teatral,
de ensueño,
viva por siempre.
Muera en paz.
Máquina por fin,
descanse.
domingo, 20 de septiembre de 2015
El lejano oriente de mi corazón
Es el lejano oriente de mi corazón
que me desvela.
Camino a oscuras
sobre un avión eterno,
a millas y millas
sobre el nivel del mar.
a millas y millas
sobre el nivel del mar.
Vuelo en la noche
cuando debiera ser mi día, mi sol
luz mía,
¿dónde estás?
Vuelo por los aires viciados de mi propio ser,
camino en espirales
sobre la tierra
y el mar
sobre la tierra
y el mar
voy.
Al lejano oriente de mi corazón,
vuelvo.
vuelvo.
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