La calle es juncal
sin juncos
gris.
Las baldosas rotas
los pasos lentos
temblorosos.
Es mi madre la que toma mi brazo
con silencioso cariño
con misterioso silencio.
El aire es suave
las palabras son sólo canto
las caricias sagrado intercambio
valioso más que el oro.
Es un hombre el que quiebra la paz
casi de muerte
la paz
Junto a dos generaciones grita
quebrando toda poesía todo canto
El hombre dice
vulgar
que la abuelería ha salido toda junta
vulgar
El hombre tiene prisa
una prisa humana
que desconoce y niega
para sostener su prisa
la lenta paz de la muerte
la humana muerte.
Es mi voz la que grita
primero ahogada
y luego
con toda la fuerza del vientre humano
de madre de hija
Es mi voz la que recuerda
Cuidado
Hermano
Todos vamos hacia allá.
Es mi voz,
la de todos nosotros.
Unos ojos me escuchan
me acompañan.
No son los de mi madre
Los de mi madre son solo cariño
ya sin prisas ni razones
los ojos de mi madre son el cariño.
Son los ojos de otro hombre
desconocido hombre
que en su humana prisa
ha escuchado mi voz
y se ha detenido
recordándolo.
Sus ojos me miran
sin sonreir
sólo muy abiertos
y me dicen
con simpleza
junto a la voz de todos
que es verdad.
Dos generaciones reanudan su paso,
muchos hombres se apresuran se apresuran
Un hombre detenido y quieto
piensa
con simpleza
que es verdad.
Las abrazo, muy fuerte...
ResponderEliminarS.