Jamás
me siento tan
absurda
como cuando, con todo esfuerzo,
y como si de una verdad se tratase,
intento expresar
en palabras
humanas
-el idioma de las palabras-
las posibles causas de la enfermedad de mi madre.
La voz,
hueca.
La mente,
corta.
El corazón latiendo.
La vida
un absoluto misterio.
Y el corazón latiendo.
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