Un día especial, la brisa
un caminar liviano y la música
una sensación eterna, la tarde
un movimiento eterno y el sol.
Percibir la ciudad por debajo,
por encima el enorme cielo,
ensangrentado y rosa
un carmín amable,
sin muerte.
Sólo la tarde muere
para renacer
el sol
mañana
y hoy leve muerte,
momentánea y profunda.
La tarde muere
con el sol
y algo en mí se escucha terminado
-se oye en los pasos, el pulso, el pecho-
alegremente muerto,
y da comienzo.
Una canción nueva
distinta
acompasa los pasos
y el sol se esconde en las calles,
los edificios,
los caminos de asfalto,
tras la ancha avenida, los pasos.
Pero hoy es descanso
y leve caminar
y aire suave que entra sin esfuerzo,
final y comienzo.
Ciclo de pasos al son
los latidos,
cuerpo entero e íntegro,
suave y frágil,
eterno sol
que esta tarde camina y muere.
Los pasos van solos
acompañan el camino
no podría decir que saben
pues el saber es confuso
y tantas veces separa
cuando mejor sería unir, iluminando.
Pero el sol si,
ilumina
y pasa
y un caballo galopa sobre el asfalto
y dos hombres tiran de un carro
y yegua mansa, yo
camino al son,
en la tarde que muere,
con suave despojo,
pequeña dicha,
secreta.
Sin triste muerte,
muerte pura y transformación,
alegre y mansa dicha,
morir naciendo,
junto al sol
y los árboles
las hojas
los humanos tan extraños
yo misma
y mis costumbres
de las que suavemente me sonrío y me burlo
hoy, que entiendo, me burlo con compasión,
y comprendo.
Es una tarde en la que comprendo
simplemente,
hoy soy sabia
y el cielo es carmín
y cuando el sol se esconda
con la noche otra vez
vendrá la confusión,
que también es eterna,
como el pecado.
Pero hoy, que es un instante,
hoy soy sabia,
dejo pasar y paso,
muere la tarde
y muero,
junto al sol eterno,
renazco.