miércoles, 19 de marzo de 2014

Una capa como un vidrio

hay una capa como un vidrio
entre mis ojos 
y la experiencia

hay una mujer grande 
ella es la artista plástica
ella tiene empleada
telefonea
la llama rosa 
la llama de usted
dirá al cortar
"hay gente en casa"

"yo también tuve esa enfermedad
me la agarré en México o en algún país de esos
tenes que tomar pavon
tenes que tomar pavon
esta chica no me quiere escuchar"

varias cosas a la vez
en su mente
varias cosas a la vez

distribuye cubos
blancos
negros

juega con telas
blancas 
negras

algo rojo

yo juego mi papel

el hombre me nombra 
 actriz
el hombre es el fotógrafo

"cuando estudiabas teatro no pensabas"

el hombre cree que yo soy actriz
que tengo el deseo de serlo

el hombre no sabe quien soy
que soy

el hombre rotulado
el fotógrafo
rotula
me rotula

y me ofende

es extraño
pero me ofende
siento que me empequeñece al nombrarme allí
que me excluye de todo el resto de lo que soy

siento y pienso
pero sonrío y callo
porque hoy callo todo el día
hoy sé y callo

todo el día

martes, 25 de febrero de 2014

La prisa

La calle es juncal
sin juncos
gris.

Las baldosas rotas
los pasos lentos
temblorosos.

Es mi madre la que toma mi brazo
con silencioso cariño
con misterioso silencio.

El aire es suave
las palabras son sólo canto
las caricias sagrado intercambio
valioso más que el oro.

Es un hombre el que quiebra la paz
casi de muerte
la paz

Junto a dos generaciones grita 
quebrando toda poesía todo canto

El hombre dice
vulgar
que la abuelería ha salido toda junta
vulgar

El hombre tiene prisa
una prisa humana
que desconoce y niega
para sostener su prisa
la lenta paz de la muerte
la humana muerte.

Es mi voz la que grita
primero ahogada
y luego 
con toda la fuerza del vientre humano
de madre de hija

Es mi voz la que recuerda

Cuidado
Hermano

Todos vamos hacia allá.

Es mi voz,
la de todos nosotros.

Unos ojos me escuchan
me acompañan.
No son los de mi madre
Los de mi madre son solo cariño
ya sin prisas ni razones 
los ojos de mi madre son el cariño.

Son los ojos de otro hombre
desconocido hombre
que en su humana prisa
ha escuchado mi voz

y se ha detenido

recordándolo.

Sus ojos me miran
sin sonreir
sólo muy abiertos

y me dicen
con simpleza
junto a la voz de todos

que es verdad.

Dos generaciones reanudan su paso,
muchos hombres se apresuran se apresuran

Un hombre detenido y quieto
piensa 
con simpleza

que es verdad.

La luz

Las manos sobre los muslos
los cuerpos inmóviles 
alrededor de la mesa 
de plástico 
del jardín.

Una alfombra es verde.
Parece pasto
es verde.

Esos cuerpos no sabrán qué decir.

La mirada baja. Huidiza.

Apoyo la mano sobre su cabeza antes de dejarla y el calor es aterrador.
La mano caliente de mi mente pensando en su mente.
Una radiografía de calor.
En silencio rezo.
Digo su hermano amado
y  ella sonríe.
Ella sonríe y yo me despido.

Los cuerpos inmóviles junto a la mesa de plástico.
Ellos no sabrán qué decir.
Cuando yo me aleje
los despida.
No sabrán qué decir.
La mirada baja. 

Los comprendo
y juntas, los desafiamos cómplices.
Adiós adiós,
la mano caliente,
las sonrisas
los cuerpos
la mesa es redonda.

Hablar sin las palabras
es ardua tarea
agotadora y bella.

En silencio rezo
la mano caliente
nuestro dios
la voz de la esperanza
la voz sin palabras
cualquier música.

Con el alma rezo
me despido y rezo.
La luz clamo
 la luz
para su alma y cuerpo
la mano caliente.

Descanse en paz.
Cómplices
Sonreímos

Ardua tarea hermanos,
adelante.
¡Coraje!

La mano agito
a dios 
caliente
la luz
clamo

nos acompañe.

Del buen arte

No me califiquen.
Mi arte es pura necesidad.
No quiere ser bueno.
No quiere ser malo.
Sólo existe porque sucede.
Sólo me estoy comunicando.

Extraño se ha vuelto todo
mucho antes de que yo naciera.
Aquello bueno
esto malo.

No hay arte genuino
capaz de sufrir calificaciones.

Amigos, críticos
enemigos,
hermanos

no quiero su calificación.

Quiero mi dicha,
compartirme.

(que alguien vuelva a dar las cartas

mezcle una vez más esta baraja.)

Espíritu

Espíritu.
Y siempre me sonrojo.

A veces quisiera tener más palabras para decir lo que siento. 
Quizás. Mejores.

Cada vida es un tesoro brillante
 de aprendizaje encandilante. 
Compartirla frente a otro
las palabras 
narrarla y sentirla es
absoluta magia. Pura. 
Efimera y eterna complicidad.

De espíritus.

Y sin embargo, 
me sonrojo una vez más.

Como si nombrara algo prohibido,
como si dijera concha, coima, corral. 

Espíritu.

Voy a repetirlo hasta volverme blanca
y la sangre ceda paso hasta aceptarlo 
en mi cuerpo.

Espíritu.
Espíritu.
Espíritu.

Alma siempre fue más fácil.

Espíritu.

Sangre celosa,
sé buena
amemoslo juntas
con él,
tres,
divino


Espíritu.

martes, 4 de febrero de 2014

El corazón latiendo

Jamás
me siento tan
 absurda
como cuando, con todo esfuerzo,
y como si de una verdad se tratase,
intento expresar 
en palabras 
humanas
-el idioma de las palabras-
 las posibles causas de la enfermedad de mi madre.

La voz,
hueca.
La mente,
corta.
El corazón latiendo.

La vida
un absoluto misterio.


Y el corazón latiendo.

domingo, 3 de noviembre de 2013

El regreso a las ciudades

Había una vez un hombre,
pequeño pero grande,
de enormes pies, profundas raíces,
un hombre-árbol, un hombre-duende.
Un hombre especial, como todo árbol.

Este hombre, como hombre, era un especialista
un estudioso.
Su más valioso objeto de estudio
eran los patrones.
Nada le provocaba más placer
que trazar las líneas
en el cielo
sobre los hombres los mapas
decir: "esto es mercurio, esta es su consecuencia
aquel es jupíter, aquella es su causa".

Nada le provocaba más ira, sin embargo,
que la consecuencia sobre él.
Profesaba grandes alaridos cuando,
preso de su propio patrón, y aún sin verlo,
sentía los nefastos síntomas de sus celestes trazos,
sus implacables caminos
sus profundas fuerzas,
su inevitable destino.
Los ojos, profundos y de variados colores,
tornábanse en esos momentos monocromos y oscurecían sus tintes,
perdurando, a veces, largas temporadas.
Los ojos quietos,
vedados,
únicamente marrones.

Ocurrió una noche, empero,
en las lejanas tierras,
sobre los campos áridos,
que la luz entró,
simplemente,
recuperando reinos.
Un rayo de sol
en la noche
entró por sus ventanas.
Las de su casa, sus ojos.
Las de su alma, sus ojos.
Todas sus ventanas.

Profundos los ojos -variados sus colores-
recibieron allí una luz cansada,
la del mundo
la antigua luz
de antigua estrella.
Los huecos cuencos, vueltos hacia adentro,
centellearon en todos sus matices.
Verdes y amarillos
dorados y marrones
mieles y pájaros
hierbas y ramas
todo ojos
todo rama
tierra fértil
en los ojos
de pronto.

Ciertos fenómenos no pueden explicarse.
Podrían trazarse hermosas líneas
en los enormes cielos
sobre las vastas tierras
de corazón a corazón,
e intentar luego leer los dibujos,
Aún así, veríamos ciegos.

El hombre-árbol, sin duda, lo intenta
-pues a veces olvida que es árbol
y sólo recuerda que es hombre-
y dibuja y dibuja
y no se cansa,
y es natural que así sea,
pues éste es su oficio
y no hay amor más grande que el de un hombre por su oficio,
no hay amor más eterno que aquel que nunca se olvida,
el amor del hombre y su oficio.

El hombre, especial
vacía sus cuencos,
moja sus pieles,
no le teme a las saladas lágrimas
pues conoce el sabor del mar
y su inmensidad,
la suya,
la del mar
-ya ha mojado sus pies, mojados sus labios, el caballo tras él ya ha visto sin mirar-.

El hombre, especialista
el estudioso,
sabe mucho más de lo que cree,
pero olvida.
Toma su lápiz
y dibuja
y dibuja
y dibuja
y no se cansa.

El hombre, el estudioso
estudia,
y olvida.

Se cree libre
excepción de las reglas
se piensa al margen
exento del mundo que él mismo investiga
que él mismo ilumina
sobre los mapas
bajo los cielos
frente a los ojos las almas.

Profesa enormes alaridos
respira cansado
camina redondo
redonda tierra
él sabe.
Olvida.

La luz, sin embargo, no lo abandona
puesto que la luz, jamás abandona a los hombres,
y por cada tiniebla se abren, siempre,
siete haces de luz
iluminando,
en la penumbra las llaves.

El hombre y sus ojos,
siete haces abren sus ventanas
de adentro hacia afuera
 la luz
vuelve a llenarlo todo
cubre sus retinas de dorados colores
vuelven las mieles a poblar su mirada
ay su mirada
ay, si, su mirada
poblada de líneas
y esteroides
espejo de los planos de sus cielos
reflejo de todo lo brillante
cuenco de todos los siglos
eterno espejo
profundos.

La calma habita entonces
al hombre y su tierra
olvida que es redonda
aparta los mapas
sonríe, brillante,
exclama, gritándose:
"ama y comparte,
abre y comparte,
con simpleza descifra
los dibujos propios y ajenos,
con simpleza comprende
que jamás
comprenderás,
y vuelve a tu oficio,
el de los mapas,
el del amor,
bello patrón
el tuyo
el de todos nosotros,
bellos."

Emprende el regreso,
con la miel en la mirada
y la eterna luz como carga;

el regreso a las ciudades.