¡Qué confusión la existencia!
A un momento de revelación
le sigue sin más la confusión.
No es vacío, pues yo siempre estoy llena,
es, más bien, la confusión.
Así, a secas y con mayúscula,
La Confusión.
El calambre del sinsentido
que al buscar sentido,
naturalmente,
se confunde.
¡Y cómo!
Ay mi dios, mi confusión.
Cuando creo entender,
cruzar puentes,
discernir, comprender
¡encontrar!
las aguas se bifurcan
y otra vez estoy sobre su barca,
la humana barca de la confusión.
Nunca limpia, siempre ruin,
abrumada y abrumante
Ella es la sombra
detrás de la luz,
la confusión.
A veces creo haber creído en la época equivocada
-quise escribir "nacido" en lugar de "creído",
pero no puedo permitirme borrar el lapsus,
yo, que escribo para descubrir mis propios mensajes-.
Creida o nacida
la duda persiste.
Y detrás de la confusión, la confusión
pues al intentar ponerle palabras la afirmo,
y afirmándola, sé que es falsa.
Mentiras que nombran.
No hay error.
No hay ser que nazca en un sitio incorrecto.
No hay error en los caminos.
Nombrenlo como quieran
afirmándolo sabrán que es falso.
Mentiras que nombran.
Creyéndome en la era errada yerro.
¡Ay mi dios, mi confusión!
Si tan claramente veo trazados
los caminos
como quien ve a través de la niebla veo
los destinos
detrás del humo, del espesor, siempre,
el camino.
Será por eso que la aborrezco.
Porque viendo no veo, y confundo.
Por eso me hablo en parábolas,
porque viendo, no veo,
y oyendo, no oigo.
Mateo, Ud lector, yo.
Hoy, ayer, mañana.
Somos idénticos a nosotros mismos.
Tristes humanos que sabiendo
no saben.
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