domingo, 31 de mayo de 2015

Vívida

Un pueblo de ancianos
lisiados y ancianos
enfermos
casi muertos,
sí.

Yo, joven
 entre las jóvenes, joven
entre ellos
sin miedo
ni asco
ni pena 
ni miedos.

Yo,
entre ellos,
con.

Una anciana de profundas ojeras 
responde al nombre de Amoroso
y de lejos,
me mira.
Yo, joven,
sonrío.
Realmente sonrío.

Más allá 
otra anciana
 pequeña y cana, mira
fijamente hacia adelante.
Detrás de un humo por decir, espeso
-quizás eso sea el tiempo-
entre nosotras
el tiempo,
ese humo espeso,
y nada más.
No habla, no camina, no sonríe,
no responde ya a ningún nombre.
Pero su nombre es Celia
y fijamente junto a la ventana
hacia la nada, mira.

Amoroso en cambio, ella me mira 
soy su foco.
La mirada es de terror
y soy su foco
pero el miedo, pienso, no es hacia mi,
es un temor generalizado, un miedo abierto,
lanzado hacia ese espacio que pienso, le es ajeno
hacia ese estado propio y nuevo
que yo, joven, pienso, le es aún ajeno.

Amoroso es nueva
y alguien la peina
ella teme,
dice suave
suave pero audible ella dice
que sentada a la mesa
se ha hecho pis.

A su lado, Dora, 
blanca Dora sobre ruedas
bien alimentada y blanca, rellena, 
con vívida voz clama, sobre las ruedas,
con calma: ¡Paciencia!

Amoroso me mira, 
fijamente me mira,
y repite.

Yo, la joven, sonrío.
Realmente sonrío.
Le digo con simpleza 
con simpleza, que no es grave
que lleva seguramente entre sus ropas, pañales.

Y lo digo sin pena,
digo pañales como digo manzana
como digo mantel, lava, mañana.
Sin aprensión y sin asco 
 con voz vívida digo: 
Usted tiene pañales.

Amoroso sonríe.
Realmente sonríe
cumpliendo honrosa el designio,
el de su nombre,
el de su fin,
se tranquiliza y sonríe.

Nélida, entre nosotras y aislada, 
entre pequeños tubos,
gustosamente come
sin pausa,
olvida y come,
mastica y come.
Nos da la espalda.

Entra entonces veloz, Marta, delgada,
con su paso rígido y su mirada hueca 
de mirar sin ver,
Marta camina y camina.
Hay candados en sus puertas 
pues su demencia camina.

Frontal. Temporal.
Esas palabras describen,
lo intentan.
Una importante chef, dicen,
que ahora camina y camina.

Amoroso, 
Nélida, 
Marta, 
Celia, 
Dora, 

hay más

y yo

que ya, sin pena, soy testigo.

Vívida.

martes, 5 de mayo de 2015

La mujer triste

Sueño con bocas sangrantes
y pequeños pájaros verdes revoloteando sobre la cabeza de mi madre
señalando sus sienes
el cielo y sus sienes,
pequeños pájaros verdes.

Mi madre en el sueño es joven
de mirada hermosa y penetrante
oscuros ojos brillantes
de eterna dulzura.

Abro los míos y pienso
lavo mi cara hinchada
bajo el agua fría
y pienso:
la mujer triste.

Sueño también con arco iris
no los veo 
en el sueño solo los nombro
pero sé que están
por sus colores

también sueño con ellos.

Despierta,
me lleno de fe,
con esfuerzo
me lleno por dentro.

Me digo suave
no te dejes
mujer triste
no te dejes.

No me dejo
camino
sigo por los caminos.

Nado
avanzo
camino

y todos los sueños
me acompañan.

Me digo suave
no te dejes

por dentro

te acompañan.

jueves, 2 de abril de 2015

El corazón cansado

Este cansancio
este infinito cansancio.

Eterno.
Que esconde la verdadera fuerza.
Oculta
Debajo del cansancio.

Un corazón cansado.
Rebosante, repleto.
Agotado y cóncavo.

Éste es un cansancio del corazón.

Infinito.
Un corazón eterno.
Que esconde la verdadera fuerza.
Oculta
Debajo

de la razón.

Tengo la fiebre

Tengo la fiebre.

Una fiebre suave
y callada,
suave.

Tengo la fiebre
de lo que callo.
La sangre cálida,
la dulce fiebre.

Mi cuerpo de agua afiebrado
por lo que callo 
y no lloro
por lo que sé, callo, y no lloro.

Tengo la fiebre, 
condenso.
Si tengo suerte condenso,
asciendo,
me vuelvo nube.

La negra nube,
la fiebre,
suave.

La eterna fiebre

de lo que callo.

martes, 31 de marzo de 2015

Todas las respuestas

Hay algo que quisiera decir
sobre las palabras

quiero decir
lo peculiar en ellas, su límite

no puedo expresarlo bien
y esto lo prueba 

sólo tengo un ejemplo

que según dicen vale más

y es éste:

ocurre que mi madre 
-otra vez, lo sé pero preciso-
ya no tiene las palabras
es un misterio
quién sabe, si de dios 
o de la ciencia quién sabe

lo real 

es que ha caído sobre ella
ese extraño puente
 tendido 
entre el sonido y la mente
entre la lengua el cerebro
tendido
el puente sobre ella
 se ha caído.

Lo real, es un decir, 
lo real es el derrumbe.

Un infinito misterio
guarda las palabras de mi madre
ocultas
en un secreto rincón 
 que -dios sabe por qué sombras-
  ha quedado a oscuras.

Lo real, quiero decir,
es que mi madre apenas habla
-no siempre fue así, el dolor siempre es por lo que cambia-

sin embargo

de cuando en cuando,
 leve mente

ella dice con misterio
para mi sorpresa,
ella dice, pronuncia, parece que dice
una sola palabra
separada casi absurda

la palabra perfecta
entre el silencio 
 y otra vez el silencio

pero la palabra
 perfecta
viaja, sube, se encuentra,
desde el fondo del secreto,
cruza el puente
y enuncia.

El qué no es lo que importa,
lo que importa es que ha cruzado.

Vuelve,
atraviesa,
cruza el puente.

Lo real
es El Misterio,
quien le guarda a mi madre las palabras
dios sabe para darle
en qué otro puente

todas las respuestas.


lunes, 16 de marzo de 2015

El camalote

No quisiera hablar del camalote
quisiera ser el camalote

dejarme llevar por la corriente del río
enmarañarme en las rocas
bajo los muelles
entre las matas

vivir un tiempo en las terrazas
sobre los campos
en las orillas

seguir luego mi curso 
sobre el agua
junto a los peces
sobre y debajo
con 
la corriente.

Un camalote múltiple
múltiples camalotes
un enorme camalotal
parte de un todo

eso quisiera
una hermosa familia de plantas
acuáticas y terrestres

y luego seguir mi curso
sobre 
debajo 

con.

domingo, 8 de marzo de 2015

De la tierra al suelo

Hay una medida en la altura.
Los estantes, 
las mesas.
Una medida extraña
y sin embargo, notable.

Un cambio de base,
de la tierra al suelo,
del suelo a los muebles,
una pequeña escala,
de extraña medida
y sin embargo, cierta.

Es Moreira, el gato,
quien conmigo,
 cambia.

Su furia contenida,
sus zarpazos, su furia.
Es su temor el que refleja al mío:
mi miedo afila sus uñas.

Siempre atento en la vigilia.
Por las noches inquieto, 
jadeante, juega.
Temeroso, él juega.
Teme lo extraño,
y jadeante, juega.
Mi pequeña escala.

Silencioso
sin embargo, 
cuando necesita él clama.
Aprendió otra cosa:
de la tierra al suelo,
él maúlla o calla.

Solo al sueño se entrega. 
Al amor, el sueño,
enteramente a las siestas, 
el amor,
las caricias.
Una extraña medida,
sin embargo,
exacta.

Rey posesivo y celoso
es amado y ama
sin interesarse jamás por los de su especie, 
 él se entrega,
 reina, y ama.

Hipnotiza a los pájaros,
 las abejas,
  los gecos.

Hipnotiza
y ama.

Es Moreira, el gato,
quien conmigo,
 cambia
 reina
 y ama.