domingo, 22 de septiembre de 2013

El arroyo

Mis obras hablan cada vez más del arroyo
Cada vez están más cerca del arroyo

La próxima vez será el arroyo
Ya sin obra
Sólo el arroyo

Y alguien será mi guía

Sobre el trabajo


nadie diga 
  trabajo
oro bendito mi oficio
aunque confunda
el regalo de mi oficio

nadie diga 
piedra maldita
 el trabajo 
nadie nombre
 su sinsentido 

es demasiado peligroso
vergonzoso
atreverse siquiera a pensarlo

(qué harían tantos si una noche lo pensaran,
se atrevieran a pensarlo 
y perderse
en el dulce sin sentido
sin horas 
sin máquinas
de la dura existencia)

nadie diga 
  trabajo 
regido por los jefes
soldado por las horas
por el metal de las máquinas

(qué harían tantos si una noche lo pensaran,
se atrevieran a pensarlo
y perderse
en el dulce sin sentido
sin horas 
sin máquinas
de la dura existencia)

nadie diga
  los nuevos oficios 
las blancas pantallas
las falsas luces
el engañoso premio del dinero

(qué harían tantos si una mañana lo supieran)

no gastemos el tiempo

el valioso tiempo

volvamos a nombrar
si

el arroyo

miércoles, 18 de septiembre de 2013

2015

Alguien dice
2015
y yo sólo pienso en la muerte.

En la vida, 
en la muerte.

¿Quien puede nombrarlo

 sin pensar en la muerte?

Sin lanzar una mirada
al menos, fugaz
un grito, mudo
al cielo que clame
"Dios, consérvame,
permíteme."

Alguien dice
2015
y yo sólo pienso en la vida.

En la vida,
en la muerte.

Dios, Vida hermosa,
consérvame,
permíteme.

Advertencia

Veo mi rostro infinitamente cansado,
es del día,
es de los siglos.

Mi rostro,
como el de Margarita,
se destruye.

En unos años me afligirá
haber perdido mi hermosura
al reflejarme en algún arroyo.

Cada noche,
vuelvo a pensar en ese arroyo.

Y es lo único que importa.

martes, 17 de septiembre de 2013

Secreto de oficio

"Cuando pienso en mi vocación, dejo de tenerle miedo a la vida"
 dice la pequeña gran actriz en las superficies del nuevo subsuelo.
Y algo mío se refleja sobre ella. 
Sobre su voz y la de Chéjov.

Parece haber, allí,
detrás de aquel pensamiento,
de aquellas palabras,
un gran secreto.

Sin embargo:
un secreto mío se refleja sobre el otro.
Viaja
Veloz
Hasta el presente.

Suena, 
en el eco del recuerdo, 
en el brillo opaco,
mi secreto.
Ese
que mi madre susurró cuando curiosa
e ignorando dulcemente
todo lo que hoy sé
pregunté
porqué ella
ganaba menos que mi padre.

Clama, 
en el eco del recuerdo, 
suave y firme,
la llave, mi secreto:
"porque
mamá, pequeño sol guarda silencio,
trabaja
de lo que ama"

Selló mi pensamiento.
Por siempre.
Veloz.
Hasta hoy.

Parecía haber, allí, ayer,
en aquel pensamiento,
en aquel oficio,
propio, amado,

una salvación.

Parecía haber.
Pero no la hay.

El único secreto -la sola salvación-
es el que guarda el propio corazón.
El mío, dice: descansa.
Ama, descansa.
Sigue el arroyo.

Hoy, 
aquel viejo secreto no me salva.
No me nutre. Me quita.
Soy cada vez más lo que soy. 
Y no es un oficio.
Soy una mujer, un humano,
un corazón que late,
que dice: descansa. 
Ama, descansa.
Sigue el arroyo.



sábado, 3 de agosto de 2013

El jinete y el mar

Había una vez un jinete, y el mar, desde siempre.
El jinete pisó las rocas, junto a la orilla. Contempló el mar, las olas blancas, la blanca espuma, los minúsculos musgos, vivos, intensamente verdes. Sintió el tosco ruido de las olas rompiendo sobre las rocas, desde siempre.
El caballo, tras él, veía sin mirar.
El agua, salada, mojó los pies del jinete, en un solo vaivén, mas no se preocupó: sabía que el tiempo secaría sus zapatos.
Y allí, entre las olas, ocurrió un milagro simple, que son los únicos milagros que existen: el hombre, de pies mojados y labios de sal, entre los verdes musgos, sobre las toscas rocas, en aquel vaivén, escuchó el suyo. Inclinó su cabeza para oírse mejor: un vaivén de olas, un golpe eterno, y otro, y otro, otro; en constante movimiento, un ruido seco, profundo, rompiendo sobre su pecho. Era si, su corazón de hombre, que latía, con el mar, desde siempre.

El caballo, tras él, veía sin mirar.

viernes, 29 de marzo de 2013

Poema de mi abuela, poeta costurera


"Al mar que yo tanto nombro
           en muchos de mis poemas,
           le pido ahora mi ayuda
           para mitigar mis penas.

           Me gusta tu estampa azul
           siendo tu vista tan hermosa;
           ante tí me encojo toda
           y me siento chiquitita.

           No te enfurezcas conmigo
           yo que siempre voy a verte,
           pero no me lo pidas ahora
           con estas olas tan verdes.

           Casi me atrapas entre ellas
           a esta altura de mi vida,
           toda enredada entre peces
           con musgos y coralinas."


Rosario Arnaiz, 1969